21 feb. 2024

Marcha atrás

Por Carlos  Morales -   carlos-morales@uhora.com.py

Por Carlos Morales - carlos-morales@uhora.com.py

Desde hace un tiempo se viene observando una fuerte radicalización en la sociedad paraguaya. Esto no tiene que ver con que a los “zurdos” “contreras” “no les gusta luego nada”. No, esta actitud está presente en ese segmento citadino, sobre todo de la capital, que se considera en posición de juzgar y criminalizar a cualquier grupo que reivindica sus derechos o realiza un reclamo específico.

Como ejemplo tenemos en las últimas semanas la marcha campesina y su pedido de condonación de deudas. Al referirse a ellos, muchos de los opinantes repetían al unísono, y sin pestañear (y menos analizarlos), calificativos como haraganes, con o sin hache, vividores, sinvergüenzas, etc.

Muchos de los que lanzaban el grito al cielo por los inconvenientes en el tránsito eran los mismos que cada mañana propician el caos vehicular al dejar a sus hijos en el colegio, evitando caminar unos metros. En las redes sociales, no faltaron quienes pedían represión hasta la aniquilación física de los manifestantes.

Mágicamente los problemas del país, desde la deuda externa, la presencia de Farías o los penales regalados a Olimpia, eran a causa de la manifestación campesina.

Actualmente, para esa parte de la sociedad, donde figuran desde personas pudientes hasta el trabajador de a pie del día a día y también comunicadores, el problema radica en la presencia de los pobladores de tierra adentro. Hace un tiempo la mira estaba puesta en los limpiavidrios y damnificados que tampoco, según su punto de vista, merecían consideración alguna.

A la indignación selectiva del ciudadano de “bien” no le importa saber ni entender la causa de los reclamos o las carencias de cada sector y menos aún el contexto que los propicia, más allá de las actitudes individuales. Solo le importa demostrar su rechazo visceral hacia ellos y nada más. Todo análisis queda de lado ante el prejuicio, la falta de empatía y solidaridad, aun aunque la protesta lo beneficie. Estamos viviendo desde hace unos tres años, con mayor fuerza, la marcha atrás como sociedad. Ha emergido un sector que ante cada reclamo tiene como respuesta la intolerancia y prepotencia. Un segmento de la ciudadanía que sigue teniendo bien dentro suyo el gen dictatorial que demuestra como el autoritarismo sigue tan vigente.

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