Sucesos

“Manipulación de embriones es una ofensa a la dignidad”

 

La Universidad Católica declara, en un comunicado difundido ayer, que “la fecundación in vitro, congelación o manipulación de embriones humanos, aunque se realicen para mantener la vida del embrión –crioconservación– constituyen una ofensa al respeto y la dignidad de los seres humanos”.

La cita es en relación al particular litigio judicial en que se encuentran enfrascadas dos personas (que eran parejas y que ya no lo son) por una fecundación in vitro.

La mujer, de iniciales M.C., promovió un amparo constitucional para que la clínica en donde seguían tratamiento prosiga con la fecundación, citando el derecho a la vida de los óvulos fecundados (seis en total, dos “sanos”) y que sería igual a un aborto no culminar el proceso, a la que se opone el ex marido.

Sin embargo, la acción fue rechazada por la jueza Penal de la Adolescencia, Edith Coronel, con el argumento de que si bien no niega la existencia de la vida en los seis embriones, fecundación y concepción no son sinónimos. “No estamos en un estado de gestación o de embarazo, por lo que no puede hablarse de aborto”, menciona la jueza.

En ese sentido, la UCA declara que la vida humana se inicia desde la concepción, y dicha situación no es una especulación ética o doctrinaria, sino un hecho ampliamente probado y reconocido por la ciencia médica. “A partir del momento de la fecundación del óvulo, se inaugura una nueva vida, que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo”, sostiene en el comunicado.

“Ninguna legislación, acto de autoridad pública o contrato privado entre partes o padres puede atribuirse o negar a un embrión humano el derecho a la vida o la acogida y gestación en el seno materno y familiar, ni puede condicionar su existencia o gestación basada en ‘fórmulas de medidas del inicio de la vida’”, agrega la nota.

“El don de la vida, que Dios creador y padre ha confiado al hombre, exige que este tome conciencia de su inestimable valor y lo acoja responsablemente. Este principio básico debe colocarse en el centro de la reflexión encaminada a esclarecer y resolver los problemas morales que surgen de las intervenciones artificiales sobre la vida naciente y sobre los procesos procreativos”, expone asimismo, instando a garantizar y acompañar la existencia de la misma desde la concepción.

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