Una vez más, el Ministerio de Relaciones Exteriores, encabezado por el canciller Eladio Loizaga, queda desprestigiado ante la opinión pública. Es que luego de que el señor ministro se esforzara por hacer creer a la ciudadanía que los planes nucleares de la República Argentina en la vecina provincia de Formosa se limitaban a una “inofensiva” planta química, ahora la presidenta de ese país viene de afirmar, en el transcurso de un acto público, que lo que allí se establecerá será nada menos que un reactor nuclear.
“Para los que no lo saben, porque suena como un nombre raro (...) Carem es un reactor nuclear diseñado, proyectado, no solamente el reactor sino su combustible, por argentinos, son pequeños reactores de 25 megavatios que van a permitir dar energía a las pequeñas localidades en el interior. La primera va a ser la provincia de Formosa, y por eso también nos está acompañando aquí el gobernador de esa provincia. Pero también, al ser un reactor nuclear, puede ser también aprovechado para toda la industria de defensa en general”, apuntó la mandataria.
No deja de ser llamativo el hecho, por tratarse de declaraciones que contrastan y hasta contradicen otras tantas formuladas no solamente por funcionarios de su Gobierno, sino hasta del propio Poder Ejecutivo paraguayo. En efecto, el ministro Loizaga, siempre afecto a morigerar los cuestionamientos que desde la sociedad nacional se formulan a los países vecinos cuando existen fundados argumentos sobre abusos cometidos por estos en perjuicio del nuestro, se ha empeñado constantemente en asegurar que la cuestión de Formosa se limitaba a una planta química.
En rigor, nadie sabe hasta ahora si la Cancillería nacional llegó en alguna oportunidad a requerir información verdaderamente oficial del Gobierno argentino sobre esta sensible materia. Al parecer no lo hizo nunca, y si lo hizo, jamás recibió una respuesta clara e incuestionable.
Conste, para más señas, que de lo que se trata es nada menos que de la seguridad de la población paraguaya, que tiene todo el derecho del mundo, porque la ley internacional así se lo habilita, a conocer puntualmente en qué consiste el programa nuclear del Gobierno argentino. Un Gobierno, por otra parte, sumamente incoherente, ya que por mucho menos llevó a Uruguay ante el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya cuando las autoridades de ese país autorizaron la instalación de plantas de celulosa en la ribera oriental del río Uruguay. Ahora los argentinos, que tanto temían la supuesta contaminación de ese cauce, se atreven a instalar un reactor nuclear en nuestras narices, contraviniendo expresas disposiciones contempladas en la Convención sobre Seguridad Nuclear de 1994.
Es de esperar que, ante esta amenaza concreta, el ministro Loizaga reaccione y demuestre un mayor celo en preservar siempre y bajo toda circunstancia la comprometida seguridad del pueblo paraguayo.