03 may. 2026

Los prisioneros del EPP

El modus operandi de los integrantes del EPP demuestra que no son luchadores románticos sino auténticos asesinos.

Por Oscar Ayala Bogarín - oayala@uhora.com.py |

Por la indolencia del Estado y por la ineptitud de las fuerzas de seguridad, el EPP llegó para quedarse. Es indudable que pese a la liberación de Fidel Zavala, los sicarios del Ejército del Pueblo Paraguayo hoy siguen teniendo varios prisioneros, aunque ya no en la clandestinidad.

Uno de ellos es Luis Lindstron, quien, además de las secuelas de su cautiverio, a más de año y medio de su secuestro sigue sufriendo la extorsión de los delincuentes y continúa pagando una especie de “impuesto revolucionario”.

El ganadero estuvo este fin de semana repartiendo materiales y alimentos en un barrio de Luque, lejos, muy lejos del lugar en donde vive, Tacuatí, en el departamento de San Pedro, justamente la zona de influencia del EPP.

Por si fuera poco, tenemos indicios ciertos que señalan que parte del dinero de su rescate (28 mil dólares) que fue recuperado en un allanamiento en San Pedro, y que le había sido devuelto, de nuevo se vio obligado a entregarlo porque gente vinculada a los secuestradores le exigieron “devolver” la suma a los delincuentes, porque “era plata del EPP”.

Lindstron mantiene silencio sobre esto último y a la fecha no ha colaborado con la Fiscalía para la detención de sus secuestradores. Su temor es comprensible. Después de todo, manifestó que lo que consiguió con su trabajo a lo largo de su vida está invertido en su propiedad de Tacuatí, y no quiere irse de la zona. Habría que estar en su piel para entenderlo.

Si el esfuerzo que se hace actualmente para atrapar a los plagiarios fuera real, otro de los cautivos del EPP es el ministro Rafael Filizzola. Pero a estas alturas ya no sabemos si es más prisionero de su ingenuidad o el ministro del Interior es el cerebro de un tenebroso plan tendiente a expandir la ideología profesada por el EPP.

Pero los principales prisioneros de estos delincuentes son los ciudadanos paraguayos que trabajan y anhelan vivir en paz.

Por el modus operandi del EPP, está demostrado que no son luchadores románticos, sino auténticos asesinos.

Si en verdad existe la intención de combatirlos y erradicarlos, quedan dos caminos: atraparlos de una buena vez o admitir el fracaso del operativo policial-militar-fiscal, de manera a que la ciudadanía esté preparada para nuevas acciones. De lo contrario, tenemos derecho a pensar que todo es una cortina de humo para encubrir a los secuestradores.