Por Claudia Cardozo
CIUDAD DEL ESTE
OBISPO DE CIUDAD DEL ESTE Y UNO DE LOS EXPONENTES LOCALES DE LA LÍNEA ORTODOXA DEL CLERO, MONSEÑOR ROGELIO LIVIERES PLANO NO REHUYE HABLAR, EN ESTA ENTREVISTA, SOBRE LA REALIDAD ACTUAL DEL SACERDOCIO.
- ¿Monseñor, cuál es la misión del sacerdote?
- Hacer presente a Jesús a través de los sacramentos. La Iglesia es sacramental, y los autores del sacramento somos los sacerdotes. La identidad del sacerdote es Cristo: es otro Cristo, a pesar de sus limitaciones y sus miserias personales.
- ¿Cuales son las renuncias que un sacerdote hace?
- Con la ayuda de Dios, el sacerdocio pretende renunciar a todo. Eso está expresado en la ceremonia de la ordenación, cuando el sacerdote se postra en el piso y se hace servidor de Dios. Nosotros ya no tenemos vida privada; las 24 horas del día estamos al servicio de Dios y de los hermanos. Prescindimos de nuestra independencia económica y de formar una familia. A través del celibato que se vive desde el Siglo I en la Iglesia, renunciamos a cualquier objetivo personal.
- ¿Qué es lo que más cuesta renunciar?
- La verdad es que no hay renuncia grande, porque nosotros cambiamos todo eso por el amor de Cristo. Es como si una persona dejara una bicicleta y le dieran un auto Mercedes Benz. Yo veo la vida de las demás personas y es más heroica y dura que la mía, en el sentido de que no tienen la satisfacción permanente y exultante que da el sacerdocio. Nosotros estamos en una permanente sensación interna de euforia. Estamos felices.
Podría haber tenido una mujer e hijos y una profesión, pero yo estoy contento y satisfecho con lo que hago desde el día que me ordené sacerdote hace más de 30 años.
- ¿Cuáles son los valores que van perdiendo los curas?
- La vida espiritual. El único valor que el sacerdote pierde realmente, y que es la causa de otras deficiencias, es la pérdida del trato con Dios. Si un sacerdote está bien con Dios, estará completamente satisfecho y contento con todo lo que hace. En cambio, si se enfría, las consecuencias son tristezas del propio camino sacerdotal, la pereza, el afán del dinero y la fornicación ya sea con mujeres o varones. Todo eso es después de la crisis espiritual.
- ¿Le parece bien seguir con el celibato o sería mejor dar libertad para que el sacerdote se case?
- A mí me parece mejor mantener el régimen actual, porque imita más la vida de Cristo que fue célibe. Esa es la razón teológica por la que en Occidente, siempre se buscó mantener el celibato. La segunda razón es práctica: el sacerdote tiene una enorme libertad por no tener esposa e hijos que sostener.
- ¿No es el celibato una de las razones por la que sacerdotes caen en la homosexualidad?
- Las denuncias en su mayoría son falsas, se trata de una persecución a la Iglesia Católica. Es una persecución organizada. En segundo lugar, los hombres casados también tienen problemas, y porcentualmente tienen más problemas que los sacerdotes. Hay más hombres infieles a sus esposas, pedófilos y homosexuales que sacerdotes infieles a su vocación, pedófilos y homosexuales. El matrimonio no arregla la cuestión.
-¿Cree que la gente perdió confianza en la Iglesia después de estos escándalos?
- Yo creo que ellos admiten ahora la posibilidad de que un sacerdote sea un inmoral. Cosa que antes era impensable. Con todo este ambiente, sí, la gente mira de otra forma. Según una encuesta, el nivel de confianza sigue siendo el mismo, pero yo creo que, subjetivamente admite que un sacerdote puede ser un sinvergüenza porque de hecho los hay. Todos estos escándalos reales o ficticios hacen mal al pueblo y ese es el objetivo de la campaña de desprestigio. Todo, porque se opone a políticas pro-abortos, homosexualidad, etc.
- ¿Todo el escándalo por la denuncia de homosexualidad del padre Carlos Urrutigoiti, a quien defiende, repercutió en su diócesis?
- Protejo al padre Carlos por que es un sacerdote honradísimo. Las denuncias fueron falsas. Urrutigoiti fue liberado de culpa y cargo en Estados Unidos y por la Santa Sede. Pero acá hicieron caso omiso las personas que llevaron adelante la campaña de desprestigio contra él. Hasta hoy no admiten la verdad, porque cada vez que el padre aparece en los diarios aparece como un sinvergüenza o por lo menos gravemente sospechado. El es mi mano derecha en el Seminario y en la diócesis y seguirá siéndolo, porque tan injusto como no castigar al culpable, es castigar al inocente. El vino recomendando por la Santa Sede y yo lo admití y lo voy a defender ahora y siempre, a menos que se equivoque en el futuro. Si es que fuese una persona sospechada de homosexualidad yo no le pondría en el lugar que está.