La presión ciudadana obligó al Congreso a desaforar a uno de sus miembros, Víctor Bogado, y otros intocables están en la lista de espera.
Acostumbrados a la impunidad, los parlamentarios debieron retroceder y hacer concesiones a la indignada opinión pública.
Una consecuencia indirecta de la movilización pudo ser la retirada de Rio Tinto.
Rio Tinto quería una ley para instalarse en el Paraguay por cincuenta años y en condiciones desfavorables para el país.
Federico Franco no tuvo tiempo de hacerla aprobar; los parlamentarios escrachados no se atrevieron a enajenar el patrimonio nacional. Otro triunfo cívico.
El siguiente round de esta lucha por la moralidad pública se juega en el Poder Judicial.
Es como comenzar de nuevo, porque el Judicial se ha convertido en otro sector muy comprometido con el sistema corrupto y con poco interés en cambiarlo.
Por cierto, existen magistrados idealistas y dispuestos a tomar casos difíciles, como el de los parlamentarios acusados de corrupción; es de esperar que no terminen recusados ni apartados del caso ni sancionados por alguna de esas triquiñuelas frecuentes en nuestra Justicia.
Es curioso que justicia signifique poder judicial y también lo que se hace conforme a la razón y al derecho.
Podemos tener sorpresas en esos y en otros casos, incluido el de Marina Cué (Curuguaty), que sería ridículo si no fuera trágico.
Sin embargo, esperemos lo mejor.
Es deseable que, más allá de los triunfos parciales, haya cambios significativos. Uno de ellos debe ser terminar con las listas sábanas. Debe recordarse que muchos parlamentarios elegidos en 2008 con la promesa de terminar con ellas, las defendieron después de elegidos, fueron repudiados por eso, pero resultaron elegidos en las urnas gracias a esa funesta práctica.
Con hombres escombros no se puede construir la democracia, decía monseñor Rolón.
Me permito agregar: con las listas sábanas, seguirán los hombres escombros.
Un Congreso renovado puede permitir la renovación del Poder Judicial, para llegarse a lo que va a ser un verdadero equilibrio de los poderes del Estado.
Lo que hay ahora es más bien una repartija del Estado entre los poderes, que no tienen inconveniente alguno en desequilibrarse para defender a rajatabla sus intereses particulares.
Esta es una consecuencia imprevista de la Constitución de 1992, que se propuso impedir una dictadura vitalicia y ha fragmentado los poderes abusivos en algunos casos particulares.
En el caso de Curuguaty, para volver al tema, el Poder Judicial ha impedido al Poder Ejecutivo la escrituración de tierras públicas de propiedad del mismo Ejecutivo.
Son errores de la democracia, que se pueden superar cuando existen una conciencia y una movilización ciudadanas.
En diciembre de 2013 hemos visto una muestra de ellas; deseamos lo mismo y más para todo el transcurrir del 2014.
Por supuesto, será mucho mejor si el entusiasmo se mantiene en 2015 y los años siguientes, para que podamos vivir más tranquilos.