Las municipalidades son piezas fundamentales del desarrollo

Los gobiernos locales tienen un enorme potencial de contribuir al desarrollo social y económico del país. La Ley Orgánica Municipal les otorga importantes funciones en materia de producción económica, seguridad, transporte, salud, educación, cultura, deportes y recreación. Para financiar las acciones destinadas a cumplir estas funciones cuentan cada vez con mayores recursos: royalties y compensaciones, Fonacide, tasas e impuestos, incluyendo el impuesto inmobiliario. No hay excusas para que los municipios no cumplan con lo que les manda la ley y contribuyan a mejorar la vida de los vecinos y vecinas. Esperemos que las nuevas autoridades cumplan a cabalidad sus responsabilidades, garantizando además transparencia y honestidad en la gestión.

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A pesar de que las municipalidades pueden tener un rol central en el mejoramiento de la calidad de vida de la población paraguaya, su gestión pasa desapercibida. En cambio, sistemáticamente vemos los escándalos de corrupción, las conductas prebendarias de sus autoridades, la desidia en el cumplimiento de sus tareas, la lentitud de las obras y vacíos de gestión en ámbitos en los que deberían tener una activa presencia.

En materia productiva, las municipalidades tienen competencia para prestar asistencia técnica a las fincas de la agricultura campesina y a las micro y pequeñas empresas; en coordinación con el Gobierno Central, la ley les habilita a impulsar emprendimientos e implementar programas de empleo. Dados los todavía altos niveles de pobreza, sobre todo en el sector rural, este debería ser un ámbito prioritario, que además redundará en el arraigo y en la reducción de la migración forzada de tantos jóvenes y mujeres.

Su rol en materia de transporte es central para facilitar el acceso a los lugares de trabajo y a los servicios de salud y educación y si además se agrega una buena gestión en iluminación, la seguridad ciudadana verá muchos mejores resultados. Buen sistema de transporte e iluminación previenen algunas de las causas más importantes de inseguridad en las ciudades.

Además están las funciones más conocidas como la recolección de basura, y en los distritos más pequeños la gestión del agua potable y del saneamiento ambiental. Otras funciones sociales –como las educativas, deportivas, recreativas y culturales– no dejan de ser importantes, sobre todo para la niñez y adolescencia, edades en que los riesgos derivados de la inactividad y falta de opciones pueden llevar a conductas poco deseables.

Para cumplir con todas estas tareas, los municipios cuentan con cada vez más recursos. Pero además tienen un rol central en la redistribución en un país donde las desigualdades son de las más importantes en la región. El impuesto inmobiliario es uno de los más justos dentro de la estructura tributaria, ya que el pago es proporcional al tamaño y calidad del patrimonio. Quien tiene más, paga más.

A pesar de estas condiciones privilegiadas, las municipalidades tienen poco o nada de impacto social y casi nula participación económica. La ciudadanía pierde la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida debido a la mala –si no mediocre– gestión de las autoridades, tanto de las intendencias como de las concejalías.

Ojalá que este nuevo quinquenio de gobierno constituya un punto de inflexión en la gestión municipal y a partir de ahora la ciudadanía vea y sienta los beneficios de contar con gobiernos municipales.

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