08 may. 2026

Las cosechas del futuro

Marie-Monique Robin estuvo en el Paraguay en abril de 2009, para presentar su libro El mundo según Monsanto. Este best seller mundial es uno de los logros de la periodista y escritora francesa nacida en 1960, autora de veinte películas y ganadora de treinta premios. En El mundo, Robin presenta la historia de la empresa química norteamericana, pasada al campo de la producción de comida por razones de conveniencia. El siguiente libro, de una serie dedicada a la industria alimentaria, es Nuestro veneno de cada día, donde afirma que el cáncer es la epidemia de nuestra época, y se debe en gran medida a la invasión de unas 100.000 sustancias químicas en nuestra comida y nuestro entorno a partir de la Segunda Guerra Mundial. El tercero es Las cosechas del futuro, publicado el año pasado. Los tres libros, en formato de video, se encuentran en internet.

En Las cosechas del futuro, la autora dice que sí existen alternativas al sistema de producción basado en el agrobusiness, guiado por el afán de lucro y sin mayor interés en la conservación del medio ambiente. Siguiendo el parecer de Olivier de Schutter, alto funcionario de la ONU, ella dice que la agricultura ecológica puede ser rentable porque (1) es muy productiva para las propiedades chicas; (2) ofrece una respuesta a la pobreza rural; (3) ofrece una respuesta al cambio climático; (4) tiene ventajas nutricionales, por permitir la diversidad en la alimentación.

Tradicionalmente, según el libro, se considera que el único sistema productivo es el de la explotación agrícola mecanizada que utiliza gran cantidad de agroquímicos. Sin embargo, el rendimiento de los cultivos ha bajado en ese tipo de explotaciones, que además tienen un costo ecológico alto y requieren grandes inversiones de capital. Ese capital no existe en los países pobres, donde la masa campesina vive en propiedades chicas, y que puede obtener un rendimiento mayor con la agricultura ecológica.

Como apoyo de esta afirmación, la investigadora cita varios ejemplos, como el de Malawi, un país africano muy pobre, que probó los dos sistemas: el de las semillas híbridas e insecticidas importados y el alternativo de la agroforestación, que combina los cultivos de consumo con la plantación de árboles. Entiéndase de la gliricidia, árbol procedente de América, cuyas hojas sirven para fertilizar el suelo sin necesidad de productos químicos, y también de forraje para los animales domésticos. Con este sistema, muchos propietarios de media hectárea de tierra pudieron comer tres veces al día, después de haber comido solamente una. El otro, el más “moderno”, empobreció el suelo y a los campesinos, sin dinero para comprar las semillas más caras y los fertilizantes también caros para ellos.

La agroforestación, el sistema agrícola que también utiliza el árbol como factor de producción, ha dado resultados positivos también en países europeos, y no es la única alternativa. En Alemania, por ejemplo, se han dado experiencias muy exitosas con la siembra directa, que no utiliza productos químicos ni tampoco ara el suelo. Y aquí termino la reseña de un libro cuyo mensaje puede resumirse así: no siempre lo más nuevo es lo mejor.