EFE
Luxemburgo
La Unión Europea se prepara para afrontar esta semana una cumbre larga y complicada con el objetivo de aprobar el Tratado de Reforma, ya que aún suscita las discrepancias de algunos Estados, tal y como constataron ayer los ministros de Asuntos Exteriores.
El principal escollo es la negativa italiana a aceptar perder peso relativo en el futuro Parlamento Europeo, según un reparto en el que España, por el contrario, es el país más beneficiado.
Los italianos intentan desvincular ese tema del propio Tratado, y defienden que este puede salir adelante aunque se aparque el diseño de la Eurocámara ampliada.
Pero la presidencia de turno portuguesa, en un posible intento de presionar a Italia, cuenta con cerrar los dos capítulos como un único “paquete institucional” durante la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Lisboa los próximos días 18 y 19.
POSICIONES PARTICULARES. Además, a pesar del tono optimista de las declaraciones de la presidencia portuguesa, todavía deben encajarse las posiciones de italianos, polacos, checos y austríacos.
Polonia pretende que el Tratado incluya una cláusula sobre el llamado “compromiso de Ioannina”, que permitiría a un grupo de países sin los votos necesarios forzar la suspensión de una determinada decisión en el Consejo durante un plazo que los polacos querrían más amplio que el resto.
A su vez, la República Checa quiere que la Comisión Europea esté obligada a proponer que los Estados recuperen determinadas competencias si así se lo pide el Consejo, mientras que Austria espera restringir la libertad de acceso de los estudiantes alemanes a sus universidades, a las que acuden en masa al resultar más económicas.
En cuanto a la política exterior, tomaron ayer decisiones sobre algunos de los principales conflictos de la escena internacional, desde Birmania hasta Irán. Además, la UE y Montenegro firmaron un acuerdo de estabilización y asociación, paso fundamental de cara al reconocimiento futuro de este país como candidato a la adhesión al bloque.