08 ene. 2026

La silla papal ya espera a Francisco, a 25 días de su visita al Santuario

No se conocían hasta hace dos semanas, cuando al artesano Isabelino Rey Maidana y a la ceramista Graciela Mena los unió la fabricación de la silla que usará el papa Francisco en Caacupé. Juntos entregaron ayer la pieza artística al obispo de Caacupé, monseñor Claudio Giménez, al terminar la misa en el Santuario.

La silla tallada por Maidana ingresó a la casa de la Virgen tapada por un lienzo ante la atenta mirada de los peregrinos que colmaron el lugar a pesar de la lluvia. A pedido de monseñor Giménez, los artistas removieron la tela para dar a conocer su obra.

El asiento donde reposará Francisco en 25 días más tiene 66,5 centímetros en la parte superior y 68 centímetros de ancho en la parte inferior. Es de madera de cedro pintada en dorado y en la cabecera luce una incrustación de oro y la imagen de cerámica de la Virgen de Caacupé.

Maidana pensó lucirse con la silla para el Pontífice argentino al principio, pero el Vaticano pidió que sea sencilla. “Fue una enseñanza de humildad”. En su taller de Atyrá, el artesano utilizó 5.000 tachas, torneó y talló la pieza con ayuda de cuatro hijos, siguiendo al pie de la letra las recomendaciones de la Santa Sede durante un mes y medio con interrupciones de la prensa local e incluso la norteamericana.

“Siento que cumplí con el deber que me encomendaron”, dijo el hombre junto a su esposa Rosalina, quien festejó el término de la silla papal. “Yo ya quería que terminara porque cada día le veía más flaco de preocupación, quería que saliera perfecto todo”.

Mirta, la hija del artista que ya había hecho la silla para Juan Pablo II, comentó que no se animó a pintar el escudo papal de Francisco porque ya no ve muy bien que digamos, por eso pidió una mano a su ex alumno, el diseñador Alcides Acosta. Tres horas le bastaron a este joven para pintar a mano el escudo papal.

La ceramista Graciela Mena pintó la placa de la Virgen en porcelana fina japonesa, que fue al horno a temperatura alta. Desde hace 30 años la experta pinta imágenes, como cuatro obras suyas que relucen en la Vicaría Castrense. Minutos después de entregar el trabajo, la mujer dijo que haber colaborado con la silla es la coronación de su vida artística.

Con una estampa de muestra fue dándole forma a la Virgen durante dos semanas. Para que la imagen de la Virgen reluzca en la silla, la creación de Graciela pasó varias veces por el horno y por un enfriamiento de 11 horas para volver a pintarla.

La ceramista donó su obra, mientras que Maidana recibirá un pago por su arte a través de Itaipú. “Tengo la satisfacción de haber hecho las dos sillas”. El artista asegura que si le dan nuevamente la oportunidad de hacer una pieza tan especial, lo haría con gusto.