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La oveja perdida

 

Hoy meditamos el Evangelio según san Lucas 15,1-32. "Habrá en el cielo mayor alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión". En este sentido, por muy pecadores que nos sintamos, todos hemos de llenarnos de esperanza al meditar estas entrañables parábolas, porque revelan el inmenso amor de Dios por cada persona, y en especial por los más alejados de Él.

El evangelio de este domingo recoge las llamadas parábolas de la misericordia o de la alegría, transmitidas por san Lucas, el evangelista de los gentiles. Como ya hemos comentado la parábola del hijo pródigo en otra ocasión (cfr. Comentario 4º domingo de Cuaresma) nos centramos ahora en las dos primeras, referidas a la oveja y a la dracma perdidas.

Durante su vida pública Jesús recibió críticas y murmuraciones por la bondad que manifestaba con los publicanos y pecadores. Pero aquellos interlocutores llenos de desdén y falsa justicia no reciben de Jesús un reproche, sino una hermosa instrucción sobre la misericordia divina hacia los pecadores, a quienes busca uno a uno con diligencia, y por quienes se llena de gran alegría comunicativa cuando los recupera, como un pastor de cien ovejas que no para hasta encontrar la que perdió; o como una mujer que enciende una luz, barre la casa y busca cuidadosamente hasta recobrar la dracma extraviada.

Bastantes Padres de la Iglesia ven detrás de estas parábolas un compendio de la historia de la salvación. Por ejemplo, san Cirilo dice que el número cien de las ovejas “se refiere a toda la multitud de las criaturas racionales que le están subordinadas; porque el número cien, compuesto de diez décadas, es perfecto. Pero de éstas se ha perdido una que es el género humano”[1]. Y san Gregorio añade a esta idea que “el hombre abandonó el cielo cuando pecó.

Y para que se completase el número de las ovejas en el cielo, era buscado el hombre, perdido en la tierra (…). Y nuestro pastor, una vez redimida la humanidad, vuelve al reino de los cielos. Y entonces llama a amigos y vecinos, −es decir−, a los coros de los ángeles que constantemente cumplen su voluntad y gozan a su lado”.

Además de esta lectura universal, también podemos vernos cada uno de nosotros reflejados en la oveja o la dracma perdidas y que se dejan encontrar por Dios. En este sentido, por muy pecadores que nos sintamos, todos hemos de llenarnos de esperanza al meditar estas entrañables parábolas, porque revelan el inmenso amor de Dios por cada persona, y en especial por los más alejados de Él.

Como señala el papa Francisco, para Jesús “no hay ovejas definitivamente perdidas, sino sólo ovejas que hay que volver a encontrar. Esto debemos entenderlo bien: para Dios nadie está definitivamente perdido. ¡Nunca! Hasta el último momento, Dios nos busca”[3]. Y en otro lugar el Papa insiste: “Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar “setenta veces siete” (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable”[4].

Pero Jesús empieza las parábolas preguntando: “¿quién de vosotros si tiene cien ovejas y pierde una…? o ¿qué mujer, si tiene diez dracmas y pierde una…”.

Si estas parábolas nos colman de esperanza para la propia vida, también nos interpelan para imitar la comprensión de Jesús con los demás, su diligencia para buscar a quien se ha alejado de Dios y su alegría al recuperarlo. Jesús nos pide salir al encuentro de todos, sin juzgar a los demás y sin quedarnos metidos en el propio redil, porque como decía san Josemaría, “de cien almas nos interesan las cien” y hay que “abrirse en abanico para llegar a todas”.

Sabernos perdonados nos llevará a ser diligentes para dar a conocer el perdón de Dios a otros, encarnando las acciones del pastor de la parábola que, como comenta un Padre la Iglesia, “cuando encuentra la oveja, no la castiga ni la conduce al redil violentamente sino que, colocándola sobre sus hombros y llevándola con clemencia, la reúne con su rebaño”. Así compartiremos muchas veces con Dios y sus amigos del cielo la alegría de una nueva conversión.

(Frases extractadas de https://opusdei.org/es-es/gospel/2022-09-11/).

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