Por Guido Rodríguez Alcalá
Se han dicho muchas cosas de la CIA, la agencia de seguridad norteamericana, pero nunca que es una institución ecológica. Sin embargo, la CIA ha creado su propia sección para ocuparse del cambio climático, considerando que este tiene y tendrá gran importancia para la seguridad mundial. ¿Por qué? Porque ese cambio puede provocar sequías, inundaciones y hambrunas capaces de fomentar rebeliones y tumbar gobiernos.
Me permito recordar que, en 2008, hubo una serie de disturbios provocados por la suba del precio de la comida en Haití, India, Indonesia, Etiopía, Mozambique y otros países. En la Edad Media, y varios siglos después, Europa conoció motines provocados por la suba del precio del pan. En este sentido, no es muy novedoso lo que dice el estudio presentado por la CIA en octubre pasado, con el título de “El cambio climático y la tensión social: sus implicaciones para el análisis de seguridad (Climate Change and Social Stress: Implications for Security Analysis)”. El estudio está en versión impresa y digital. Sin ser novedoso, tiene el mérito de llamar la atención sobre algo que no se quiere entender: en pleno siglo XXI, podemos ver una repetición de las tragedias de la Edad Media.
Los análisis de seguridad, dice el texto, deben contar con las sorpresas provocadas por el cambio climático en la década próxima; las mismas pueden volverse más serias y más frecuentes a partir de entonces, y crear problemas de difícil solución para las sociedades afectadas y la cooperación internacional.
Con esto yo no quiero recomendar a la CIA (de dudosa trayectoria), sino resaltar lo siguiente: hasta la CIA comprende la importancia de las cuestiones ambientales, que han dejado de ser la exclusividad de los ecologistas. Por encima de las diferencias ideológicas, el cambio climático es un asunto de todos y que debe enfrentarse con la participación de todos.
Sin embargo, afectará más a los países más pobres, según un reciente estudio del Banco Mundial, otra entidad que se suma a las inquietudes ecológicas. Por eso es de esperar que se llegue a un resultado positivo en la reunión internacional que tendrá lugar en Doha (Katar), entre el 26 de noviembre y el 7 de diciembre próximos. Sería muy positivo rescatar el Acuerdo de Kyoto, que busca limitar la emisión de gases causantes del recalentamiento global.
No sé si el Paraguay estará en Doha, pero tampoco necesita ir hasta allá para hacer algo aquí.
La contaminación del lago Ypacaraí es un ejemplo de la irresponsabilidad local, que se niega a hacer lo que se debe hacer. Hace algunos años, se negaba la contaminación. Ahora que el lago está marrón oscuro, no se encara la solución. Yo ya encontré el lago así, dicen los intendentes; sus sucesores dirán lo mismo.