Frente a una Volkswagen combi blanca y un contenedor transformados en cafetería, comienza a llegar la gente. El aroma del café se mezcla con el ruido suave de las máquinas y de la música electrónica con las conversaciones curiosas de quienes miran el lugar como si fuera un experimento. Allí, entre vasos, granos y una estética minimalista que recuerda a un pequeño laboratorio, está Franco Cubilla, de 18 años recién cumplidos, observando cómo una idea que empezó como inquietud hoy se vuelve real: LabCoffee.
La historia comenzó antes de que pudiera abrir la ventanilla de su propio café montado en cuatro ruedas, cuando tenía 16 años. Trabajaba de forma independiente en todo lo relacionado al audiovisual, cobertura de eventos y demás. Pero siempre tuvo ‘‘esa mentalidad de querer hacer algo propio”, recuerda. Entre cámaras, edición y eventos, el joven empezó a mirar más allá de su oficio.
“Eso me llevó a informarme bastante, a leer, escuchar y aprender también de otras personas. Y me llevó a desarrollar esa mentalidad que me ayudó a crear algo propio”.
El café apareció primero como escenario de trabajo. En uno de los eventos que cubría y producía contenido, comenzó a prestar atención a lo que ocurría alrededor de la taza. “Todo empezó más que nada cuando comencé a trabajar para una marca de café. Me fui metiendo más en este mundo. Le vi potencial”, cuenta.
La curiosidad lo llevó a participar de encuentros y festivales, como el Coffee Fest, donde el universo cafetero empezó a abrirse con la idea de abrir su propio espacio para Coffee lovers.
Así la cafetería apareció pronto, pero también el obstáculo más evidente: El dinero. “Yo tuve pensado una cafetería, pero normalmente suele ser muy caro montar una. Entonces pensé en ver una alternativa”.
La respuesta apareció en casa. La idea de la combi vino de María Verónica, su mamá, aficionada a los vehículos clásicos. ‘‘Yo soy un poco más minimalista, pero opté por la combi porque me pareció una muy buena opción”.
Así comenzó un proceso creativo que duró meses: diseño gráfico, manual de marca, contenidos, investigación. “Comencé desarrollando la parte gráfica, el manual de marca, comencé a investigar. Tras prueba y error fui buscando una lluvia de ideas hasta sacar el tema del laboratorio”.
El nombre también mutó en el camino. “Primero se iba a llamar Café de Laboratorio, pero llegué a la conclusión de que iba a ser mejor en inglés”.
La palabra laboratorio no es casual. Para Cubilla, el café es un campo de experimentación. “Me parece una bebida muy fácil de experimentar y que combina con casi todo. Estoy siempre pensando en nuevas formas, nuevas bebidas que puedo crear, cómo puedo innovar”, dice mientras observa el movimiento de la inauguración el pasado miércoles.
La historia de LabCoffee se remonta, en realidad, a apenas un año. “Hace un año atrás fue cuando decidí que era la mejor opción adaptarlo, como con el contenedor. Porque el contenedor no es una tienda: Se adapta”, explica. Desde entonces, el proyecto creció a la misma velocidad con la que se muele el café en la máquina.
Hoy, frente a la combi convertida en cafetería, Cubilla mira a la gente que llega, prueba y pregunta. Hace apenas dos meses cumplió 18 años.
“La verdad que en el proceso estuve aprendiendo y calculando cómo iba a ser. Esto está superando mis expectativas y eso me está impulsando a más. Me está dando incluso más motivación de la que ya tenía. Por eso estoy supercontento y superagradecido por el apoyo que se está dando”. En la esquina de Cruz del Defensor y De las Palmas de la ciudad de Asunción, desde las 14:00 y hasta las 20:00 (o más), el laboratorio del café empieza a funcionar. Y el experimento recién comienza.
- Aprendí muchísimo, leí todo sobre el café, las cafeterías. Fueron muchas ideas, de prueba y error hasta llegar al laboratorio.