06 feb. 2026

Ídolos de carne y hueso

Captan la atención mundial en el fútbol cada tres o cuatro décadas jugadores tocados por el genio divino del talento en demasía. De entre ellos se tejen leyendas y medias verdades que fascinan a la imaginación popular y alimentan los sueños de miles de jóvenes.

De Lionel Messi se disputan historias de quién lo descubrió, y no hay mayor mérito en ello, pues en sus videos de los años de niñez se lo distingue corriendo raudo entre rivales de su misma edad, pero tan notorio como un diamante en el barro.

De esa etapa a su presencia en el primer equipo y la deslumbrante aparición corrió mucha agua. El real genio fue el que decidió que el diamante se pula mejor y más prestamente en Europa y no en Sudamérica. El resto es por todos conocido, desde su debut fulgurante hasta la reciente Copa América. Tuvo en su carrera en el Barcelona intérpretes virtuosos para su lucimiento. Xavi e Iniesta fueron gnomos admirables que bien apuntalaron un fútbol que marcó época como juego de conjunto y rotación del balón del arquero hasta el gol. En ello Messi fue como el cantante “a capela”, cuando él tomaba el balón y le permitían impulso era imparable para los rivales. Los desparramaba y convertía él o dejaba la tarea de empujar a sus compañeros.

Si bien deslumbra aún con su ánfora llena de magia lo que le da dimensión abrazadora es por una parte su talento descomunal en la cancha y segundo, por ese su aire casi tímido fuera de las canchas.

Con sobriedad de expresiones y la humildad que es dote de los grandes espíritus.

Veremos diluirse y terminar sus geniales apariciones y récords de gambetas, goles y asistencias. Quedará en nuestras retinas y demás materiales gráficos para dilucidar si fue el mejor del mundo. Nos debería tener sin cuidado ese asunto. Compararlo con su antecesor argentino sería desconocer que el atleta completo debe ser enorme en toda dimensión de su actividad profesional o fuera de ella. Y los ídolos tienen responsabilidades de ejemplo para los jóvenes.

Él pertenece a esa rara especie de jugador adornado en la cancha con las destrezas de los tocados por la vara de los dioses. Con la delicadeza de espíritu de la talla de Pelé y otros que hacen que el fútbol sea predominante y magia en la cancha.

Queda su última etapa antes que extinga su vida profesional, donde sembró alegrías en tantas personas que aman el fútbol engalanado de virtudes apreciables a la vista aún por un lego del fútbol.

Será recordado como jugador tocado con las artes concedidas por la varita de los dioses.