Ayer y hoy, con diversas circunstancias y otros colonizadores, el pueblo paraguayo se siente igualmente sometido. El trabajo, del tiempo de San Roque González y el de ahora existe, si está de acuerdo con los intereses de los “amos”. Y con la presencia o ausencia de trabajo viene todo lo demás. La salud, la dignidad respetada, la libertad, etc., etc.
Ante aquella situación en que estaba, San Roque hizo dos cosas.
La primera, denunciar y oponerse con las fuerzas que tenía: no perdonar en la confesión el pecado de encomienda hasta que aquel no liberase a los indígenas encomendados.
La segunda, organizar a los indígenas y para esto recorrió territorios de naciones que hoy son Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil.
Hoy necesitamos otros San Roque en el Paraguay que, con su ejemplo, luchen con nuestro pueblo.
Necesitamos personas que con valentía se opongan al sistema, a los “amos” económicos de la nación, a sus servidores políticos comenzando por el presidente, por las iglesias que han olvidado el mensaje de justicia de Jesús, por los ciudadanos vendidos que callan.
Necesitamos personas que luchen. Hoy día faltan luchadores de verdad. Contra las cadenas de la corrupción. Contra el fanatismo partidario. Contra la esclavitud del consumismo. Contra los nuevos bandeirantes que nos quitan las mejores tierras.
Quizás estos nuevos San Roque no lleven sotana ni levanten una cruz, pero sí (conociéndolo o no) estarán llenos de aquel amor comprometido hasta la muerte de Jesús de Nazaret.
Y añado, ¡ojalá entre ellos haya también muchos cristianos! “Porque, en demasiadas ocasiones, no se hacen presentes”.
A San Roque González de Santa Cruz, cuyo corazón se venera en la iglesia de Cristo Rey, ruego que despierte a nuestra juventud siguiendo la causa de Jesús.