La comunidad monástica San José mencionó además: “Al celebrar hoy a nuestro primer santo paraguayo y con la esperanza de tener pronto a la primera beata paraguaya queremos hacer notar dos signos de la providencia de Dios, que ambos: el corazón y el cerebro han quedado incorruptos, ¿qué nos querrá decir el Señor? Porque prodigios como estos no ocurren en todas partes. Quizás es muy simple: que los paraguayos no estamos llamados a la corrupción, sino a vivir la santidad”.