09 abr. 2026

Gobierno soluciona iliquidez imprimiendo más billetes

Aparte de ser matemático, físico, teólogo, filósofo, astrónomo, Sir Isaac Newton hizo de agente secreto. En 1696 fue nombrado Guardián de la Real Acuñadora de Monedas (Royal Mint), cuya tarea principal fue la lucha contra la falsificación de la moneda británica, para lo cual no dudaba en disfrazarse y moverse por los bajos fondos, controlar operaciones encubiertas y planear trampas para los delincuentes. Cuando en 1699 pasó a ser Maestro de la RAM -la máxima autoridad- cumplió su tarea de manera implacable hasta su muerte en 1727, no le tembló el pulso a la hora de hacer torturar, desmembrar, ahogar o ahorcar a quienes osaban perturbar el sistema que él estaba desarrollando.

Poco a poco volcó el valor de la libra esterlina hacia el patrón oro, desplazando a la plata. Así, Inglaterra fue acumulando enormes cantidades de oro -con la colaboración de sus piratas y los cofres españoles-, lo que convirtió a su divisa en la más importante del mundo, al punto que hasta hoy es la tercera moneda de reserva mundial, tras el dólar y el euro, y es la cuarta moneda más comercializada en el mercado de intercambio de monedas, lo cual significa en términos sencillos que, junto al yen y las citadas, la libra está entre las cuatro denominaciones de mayor confianza y prestigio internacional.

En Paraguay hubo muchos casos de falsificación y de circulación de billetes genuinos, pero sin curso legal, como el caso de los billetes sustraídos antes de ser puestos en circulación. Es probable que todos hagamos circular algunos de esos papeles inadvertidamente. Las monedas también sufren sus consecuencias, como cuando el valor que representan es menor de lo que cuestan como metal. Pero nada de eso es tan malo como cuando un gobierno deliberadamente imprime mucho más de lo que realmente tiene como respaldo. Algo parecido ocurre cuando se elabora un Presupuesto General de Gastos de la Nación que no responde a lo que en verdad se tiene o se puede recaudar, como se viene haciendo desde hace varios mandatos.

Los componentes más relevantes del Gobierno, principalmente los que se consideran oficialistas, pueden hablar y explicar mucho sobre las desigualdades sociales, sobre la importancia de dar subsidios a los sectores más carenciados -preferentemente si producen algo, aunque se ha demostrado que no es excluyente-, de elevar los impuestos sobre ciertos productos de importación o exportación, y agregar más argumentos que son plausibles o reales. Pero por mucho que insistan, mientras sigan actuando con absoluta prodigalidad con respecto a los bienes o recursos del Estado que a ellos benefician, no pueden tener credibilidad.

Mientras sigan haciendo viajes lujosos e innecesarios, sigan usufructuando jugosos viáticos, dispongan de funcionarios y vehículos como si fueran propios, si no se hace una revisión general para reciclar, renegociar, optimizar las posesiones del Estado, no se puede exigir a los sectores que realmente trabajan y producen que se ajusten los cinturones y que tengan paciencia ante la anarquía reinante.

Se subsidia según las pasiones personales del presidente y sus cercanos o en la medida en que se ejerza violencia contra terceros. La próxima inversión estatal debería ser una imprenta nacional de billetes y una acuñadora de monedas de a mil, ideales para los mendigos.