18 abr. 2026

Gigantes tecnológicos, en la mira ante creciente poderío en influencia

El tamaño de Facebook, Google, Amazon y Apple, así como su poder en el mercado inquietan cada vez más a los reguladores en todo el mundo, que exigen rendir cuentas a los titanes tecnológicos. EFE

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SAN FRANCISCO

Llevaba tiempo cociéndose y finalmente estalló en 2020: El Gobierno de EEUU demandó por prácticas anticompetitivas a Google y Facebook, abriendo dos litigios de lo más mediáticos y que previsiblemente durarán años. Es el síntoma del fin de una era: La de la barra libre para las grandes tecnológicas.

Google, Amazon, Apple y Facebook llegaron a marzo siendo gigantes y la pandemia los convirtió en titanes. Estas empresas se han reforzado gracias al avance del trabajo remoto y las restricciones a la movilidad, y tanto su tamaño como su poder sobre el mercado inquietan cada vez más a los reguladores en todo el mundo.

Jeff Bezos, fundador de Amazon, es la persona más rica del mundo según Forbes, y su fortuna se ha disparado todavía más con el Covid-19, igual que lo han hecho las de Mark Zuckerberg (Facebook), Larry Page y Sergey Brin (Google).

Aunque hasta la fecha no habían sido inmunes a este tipo de demandas, que por ejemplo se han sucedido en la última década en la Unión Europea (UE), que ahora sea el Gobierno de EEUU -país en que todas ellas tienen la sede- el que haya lanzado el desafío podría tener implicaciones mayúsculas.

DIVISIÓN. La primera de ellas y la que más morbo genera tanto dentro como fuera de la industria es que se les obligue a dividirse, como en los históricos casos de las industrias petrolera y telefónica, algo que, sin embargo, todos los expertos consultados por Efe coinciden en que es altamente improbable.

“Sería como deshacer un revuelto de huevos”, bromea Mark McCareins, profesor de Derecho empresarial en la Escuela Kellogg de la Universidad Northwestern.

Su colega Shubha Ghosh, de la Escuela de Derecho de la Universidad de Syracuse, prefiere compararlo con un divorcio “muy, muy enrevesado”.

Cuantiosas multas al estilo de la UE y la prohibición de las prácticas que el Gobierno considera anticompetitivas parecen, por tanto, resoluciones mucho más viables, pero primero habrá que demostrar que efectivamente las empresas han abusado ilegalmente de su dominio en el mercado y estas, a su vez, se esforzarán por probar lo contrario.

GOOGLE. El caso de Google es de los cuatro el que peor pinta para la empresa.

Ya hay una demanda presentada formalmente por parte del Departamento de Justicia de EEUU, y además la compañía acumula miles de millones en multas antimonopolio por parte de la UE y Turquía.

“Ahora mismo no pinta bien para Google. Pagar miles de millones anuales a Apple para tener exclusividad... A mí no me queda claro cómo eso puede ser valioso para Google si no es para impedir que otros motores de búsqueda se abran hueco en el mercado”, explica a Efe Rebecca Haw Allensworth, profesora de la Escuela de Derecho de la Universidad Vanderbilt.

SERVICIO GRATUITO. En la filosofía subyacente a las leyes antimonopolio, el bienestar del consumidor resulta un concepto clave. Los monopolios fijan condiciones, suben precios y perjudican al consumidor. La competencia, por tanto, es la mejor garantía para proteger los intereses del público.

El problema con varias de las tecnológicas, especialmente Google y Facebook, es que ofrecen servicios sin coste monetario para el consumidor, y resulta difícil argumentar que su dominio abrumador del mercado (Google concentra más del 90% de las búsquedas de internet en el mundo, Facebook e Instagram -de su propiedad- reinan en las redes sociales) daña al usuario.

Para el profesor Ghosh, casos como estos requieren de un cambio de perspectiva a la hora de definir qué significa “bienestar del consumidor” para incluir, además del precio, conceptos como la privacidad o la protección de datos, que suponen unos costos que, a su juicio, Google aplica sobre los usuarios gracias a la falta de alternativas.

RECOPILACIÓN DE DATOS. Allensworth tiene el mismo punto de vista y apunta que las empresas extraen valor de los consumidores de muchas maneras, no solo mediante pagos monetarios, y en este caso resulta evidente que la moneda de cambio es la atención y los datos de los internautas.

La segunda gran campanada del año se dio a principios de diciembre, cuando la Comisión Federal del Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) y los fiscales generales de 46 estados y dos territorios de EEUU presentaron sendas querellas contra Facebook. Ambas demandas se centran en las adquisiciones por parte de la red social de los competidores Instagram en 2012 y WhatsApp en 2014, operaciones que, paradójicamente, fueron aprobadas en su momento por la propia FTC, el mismo ente que ahora se querella contra Facebook. Esta aparente contradicción es algo que el propio Mark Zuckerberg saca a relucir siempre que tiene ocasión, incluso cuando declara ante el Congreso. Aun así, la FTC puede alegar que las circunstancias han cambiado, que apenas han aparecido nuevos competidores relevantes en las redes sociales desde entonces -con la salvedad de TikTok- y que Facebook ha crecido demasiado.

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