26 ene. 2026

Generar empleos de calidad es el gran desafío nacional

El empleo está siempre en debate por ser una de las principales demandas ciudadanas, especialmente de la juventud. A pesar de su relevancia para el bienestar de la población, los indicadores laborales muestran la mala calidad del mismo. Bajos niveles de ingresos, empleos volátiles e informales, debilidad institucional para hacer cumplir las normas vigentes y falta de políticas para impulsar mejores condiciones. Si bien en el último trimestre se observan avances; puede ser estacional por el dinamismo que cobra esta etapa todos los años.

Los datos del reciente informe estadístico publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) señalan que el trabajo remunerado constituye un enorme desafío debido al nivel de deterioro que está mostrando desde hace casi una década. Al mismo tiempo, es necesario puntualizar que los promedios nacionales esconden retrocesos en algunos grupos como el de las mujeres.

El informe trimestral del INE señala que la tasa de la fuerza de trabajo en el 4º trimestre (octubre, noviembre, diciembre) de 2022 a nivel nacional fue de 70,2% (3.737.646 personas), que comparado con el mismo periodo del año 2021 (72,1%), tuvo una diferencia negativa de 1,9 pp y en términos de cantidad absoluta significó una disminución de 32.636 personas aproximadamente.

Si se compara con respecto al 3er trimestre del año 2022, se registró una leve diferencia negativa de 0,6 pp, pues la tasa de la fuerza de trabajo pasó de 70,8% a 70,2% y en términos absolutos significó una disminución en alrededor de 18.468 personas. La diferencia negativa es producto de lo que ocurrió en áreas rurales del país, donde la tasa de la fuerza de trabajo disminuyó de 70,9% a 69,0%.

Estos resultados tienen un fuerte sesgo de género en contra de las mujeres rurales. Los datos indican que mientras los hombres se integraron al mercado laboral, unas 45.000 mujeres dejaron la fuerza de trabajo.

Al analizar las tasas de desempleo –personas que no consiguen ningún tipo de empleo– y subempleo –personas que trabajan menos horas que las que tienen disponibles para trabajar–, los resultados no son alentadores, pero se observan mejores resultados del comportamiento de las mujeres. Ellas en lugar de declararse desempleadas, probablemente desalentadas por el costo de buscar trabajo, terminan dejando la fuerza de trabajo descomprimiendo el desempleo y subempleo.

Estos dos grupos registraron variaciones negativas en los periodos analizados, tanto al comparar con el mismo periodo del año 2021, como con el tercer trimestre del 2022, con una diferencia negativa de 1,6 pp (11,4% vs. 9,8%). En valores absolutos representan alrededor de 367.239 personas que estuvieron desocupadas o subocupadas, durante el 4º trimestre del año 2022.

Todos estos indicadores empeoran si se consideran grupos poblacionales específicos como la juventud, las mujeres y el sector rural.

Por otro lado, también hay que recalcar que las ocupaciones en las que se observan mejores indicadores, en algunos casos son los de mayor precariedad laboral como el de la construcción. Por ejemplo, si a nivel nacional la informalidad presenta una tasa de alrededor del 65%, en esta rama de actividad se eleva al 87%.

Más allá de la relevancia de los indicadores laborales y su histórico pésimo desempeño es importante contextualizar el rol de los ingresos laborales para los hogares.

Casi el 90% de los ingresos de los hogares en Paraguay proviene del trabajo, incluyendo las remesas que envían los migrantes paraguayos en el exterior.

El 40% de los hogares tienen jefatura femenina, cuyos indicadores laborales son siempre peores que el promedio nacional. Las mujeres cuentan con ingresos inferiores en alrededor del 20% que los hombres.

Con estas condiciones laborales no se puede esperar que los hogares tengan bienestar, mucho menos el de las mujeres en particular. Precisamente, en la Semana de la Mujer Paraguaya y cercanos a la conmemoración del 8 de marzo, el trabajo remunerado debe ubicarse en la agenda pública como tema prioritario para toda la población adulta y especialmente para las mujeres.