13 abr. 2026

Fiesta. San Esteban, protomártir

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 10, 17-22

No siempre la persecución ha sido de la misma forma. Durante los primeros siglos se pretendió destruir la fe de los cristianos con la violencia física. En otras ocasiones, sin que esta desapareciera, los cristianos se han visto –se ven– oprimidos en sus derechos más elementales, o se trata de llevar la desorientación al pueblo sencillo con campañas dirigidas a minar su fe.

Incluso en tierras de gran solera cristiana se ponen todo tipo de trabas y dificultades para educar cristianamente a los propios hijos, o se priva a los cristianos, por el mero hecho de serlo, de las justas oportunidades profesionales.

No es infrecuente que, en sociedades que se llaman libres, el cristiano tenga que vivir en un ambiente claramente adverso. Puede darse entonces la persecución solapada, con la ironía que trata de ridiculizar los valores cristianos o con la presión ambiental que pretende amedrentar a los más débiles: Se trata de la dura persecución no sangrienta, que no infrecuentemente se vale de la calumnia y de la maledicencia.

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy dijo: “Hoy la liturgia recuerda el testimonio de san Esteban. Elegido por los Apóstoles, junto con otros seis, para la diaconía de la caridad –es decir, para asistir a los pobres, los huérfanos, las viudas– en la comunidad de Jerusalén, se convirtió en el primer mártir de la Iglesia. Con su martirio, Esteban honra la venida al mundo del Rey de reyes, da testimonio de él, ofreciéndo- le el don de su propia vida al servicio de los más necesi- tados. Y así nos muestra cómo vivir plenamente el misterio de la Navidad […]”.

“Seguir el evangelio es ciertamente un camino exigente –pero bello, ¡bellísimo!– y el que lo recorre con fidelidad y valentía recibe el don prometido por el Señor a los hombres y a las mujeres de buena voluntad. Como cantaban los ángeles el Día de Navidad: ¡paz, paz!”.

“Esta paz donada por Dios es capaz de serenar la conciencia de todos los que, a través de las pruebas de la vida, saben acoger la Palabra de Dios y se comprometen en observarla con perseverancia hasta el final”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal).