Editorial

Existen desconfianza, corrupción y deudas a dos años de gobierno

El Gobierno de Mario Abdo Benítez cumple mañana dos años de gestión con una imagen de gran desgaste, envuelto en varias crisis, débil ante la corrupción, con un creciente endeudamiento y desconfianza por parte de la ciudadanía. La principal ventaja de haber logrado una alianza coyuntural con su principal contrincante político es a la vez su mayor derrota, ya que le resta autoridad política. Las obras realizadas hasta ahora no alcanzan a garantizar un nivel de satisfacción en la población y el clima de incertidumbre, en el contexto de la pandemia del Covid-19, genera interrogantes sobre los tres años que le quedan a la administración.

El segundo aniversario de la asunción del presidente Mario Abdo Benítez, que se cumple mañana 15 de agosto, encuentra a un Gobierno sumamente desgastado por varias crisis acumuladas en muy corto tiempo, con una imagen de gran desgaste político, con una postura muy floja o débil ante la corrupción, con un acelerado endeudamiento internacional, y con un alto nivel de desconfianza por parte de la población.

La mayoría de los análisis críticos que se están dando a conocer sobre estos dos primeros años de gestión coinciden en que uno de los aspectos preocupantes es que la deuda pública se ha incrementado considerablemente en 6 meses a un 30,7% del producto interno bruto (PIB), comparando que al final del 2019 se tenía solamente un 19,7% como nivel, tal como ha sido resaltado en un debate organizado virtualmente este miércoles en el espacio Plaza Pública Dende.

Las visiones de economistas, empresarios, dirigentes sociales y analistas destacan que existe una gran incertidumbre acerca de cómo logrará financiar el Gobierno sus acciones de impacto económico en el futuro, principalmente ante la paralización de importantes rubros productivos y comerciales, en el contexto de la pandemia del Covid-19.

En este marco, preocupa la manera en que la administración Abdo Benítez ha manejado las crisis que han estallado durante su gobierno, como el escándalo producido en julio del 2019, cuando se reveló que se había firmado un acta secreta con el Brasil sobre la compra de energía eléctrica de la represa de Itaipú, en condiciones muy desfavorables al Paraguay.

Aquel incidente, que estuvo a punto de desembocar en un juicio político y la posible destitución del presidente, pudo salvarse gracias a una alianza con su principal contrincante en las internas coloradas, el ex presidente Horacio Cartes, pero quedó la imagen de que el respaldo se obtuvo a cambio de un presunto pacto de impunidad y que el Gobierno está poco preparado para defender los intereses paraguayos en la renegociación del Tratado de Itaipú, que deberá realizarse con Brasil en el año 2023.

La crisis provocada por la pandemia del Covid-19 significó en principio un punto positivo para el Gobierno, ya que el adecuado manejo médico y la pronta respuesta en establecer las medidas restrictivas de cuarentena fueron bien vistas por la población. Sin embargo, la temprana detección de intentos de negociados con los fondos de emergencia para la Salud para compras de insumos y equipos médicos, la débil postura de las autoridades ante la corrupción y la demora en equipar los hospitales diluyeron muy pronto la confianza ganada.

La considerada principal ventaja del presidente Abdo Benítez, de haber logrado una alianza coyuntural con su principal contrincante político, Horacio Cartes, es a la vez su mayor derrota, ya que le resta autoridad política.

Las obras realizadas hasta ahora no alcanzan a garantizar un nivel de satisfacción en la población y el clima de incertidumbre, en el contexto de la pandemia del Covid-19, genera interrogantes sobre los tres años que le quedan a la administración.

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