El jueves, su voz deberá fortalecerse para una jornada extensa por su barrio. “En cada casa llegaremos a cantar y a rezar hasta la madrugada”, dice en guaraní.
Durante tres días, de forma continuada, amenizarán con su canto lastimero su ciudad. El viernes programan visitar el cementerio de San Antonio para visitar a sus familiares, después irán al de Villa Elisa.
La agrupación consta de nueve integrantes. “Ore túva kuéra omanombama, ekapade romantené ko grupo (nuestros padres ya fallecieron, ojalá podamos mantener el grupo), señala antes de cantar el estacionero que heredó junto a los otros el oficio de Semana Santa de sus padres. “Sabemos que ahora poco los jóvenes se acercan a la Iglesia”, apuntó.
En Limpio, la religiosidad cobra fuerza con el llanto de los estacioneros Purahéi de Aguape’y. Son cinco, uno se unió hace un tiempo. Pero todavía les cuesta integrar a jóvenes a la agrupación. En opinión de don Concepción Acosta, de 64 años, “ofaltá motivación”, porque no dan abasto para tantos pedidos. Mañana cantarán en la capilla de Piquete Cué, el Viernes Santo, de 10.00 a 14.00, en la iglesia San José.
El más joven de los estacioneros de Aguape’y tiene 50 años. “Ikatu Ñandejára ome’eve estacionero oréve”, reflexiona el hombre del otro lado del teléfono. La estrategia de estos estacioneros para convocar a los jóvenes es invitarles a integrar el grupo. “Estamos a su disposición, algunos dicen que vamos a ir, pero no vienen. Si Dios quiere y la Virgen vamos a continuar hasta morir”.
Alejandrino Duarte tiene 70 años, 56 de estacionero. En Areguá, promete mucho purahéi lastimero estos días santos, ese purahéi que lastima el corazón de la gente, que pesa hasta hacer sentir la conciencia. Junto a sus doce compañeros estacioneros canta la pasión de Cristo. “Aprendimos de nuestros abuelos en Caacupemí, sembramos la semilla y hacemos crecer para cuando no estemos más”.
Cuando habla de semillas se refiere a los doce niños, que son conocidos en Areguá como los miniestacioneros. Alejandrino los dirige y cuida, hasta los lleva y busca de sus casas. Los adolescentes dicen: “tienen otras prioridades” y piensan que “ser estacioneros es cosa de viejos”. Él no desiste. “Voy a tratar que a los jóvenes les guste e integren grupos para que esto continúe, para que no termine”. Así, los estacioneros buscan inmortalizar su canto.