03 ene. 2026

Escolta de San Juan Pablo II recuerda aquella visita papal

La seguridad local del santo Juan Pablo II revela, 26 años después, detalles de la histórica y única visita de un Papa al Paraguay. Conmovido por los recuerdos, destaca que desde hace unas semanas atrás estrenó al polaco como su santo patrono.

Inolvidable.  Domingo Giménez, hace 26 años, cuando actuó como custodio del  Papa Viajero.

Inolvidable. Domingo Giménez, hace 26 años, cuando actuó como custodio del Papa Viajero.

Por tres días, Domingo Giménez fue la sombra del Papa más querido en el mundo. Montado en una motocicleta Honda 750 cubrió el ala derecha del Papamóvil hace 26 años cuando el papa Juan Pablo II pisó tierra guaraní. “Fue el servicio que más satisfacciones me dio como policía”.

El 16 de mayo de 1988 no solo cayeron gotas de arriba, también pañuelos, rosas, camperas, papeles y banderines de ambos costados de la avenida Autopista, en la salida del aeropuerto Silvio Pettirossi. Ese día había llegado el máximo exponente de la Iglesia Católica, ese día doce motociclistas fueron blanco de la euforia religiosa que impedía el paso tranquilo del Pontífice.

La salida del Papamóvil tenía que ser rápida, a 120 km/h, según el protocolo previsto por la organización, pero para sorpresa de Domingo y de su jefe que se desplazaba por aire, nada fue así. Al salir del aeropuerto sonaba la sirena y los motorizados salieron a toda velocidad, hasta que el Papamóvil se detuvo. El guardia privado del Vaticano se acercó a Domingo y le dijo: “El Papa le quiere hablar”.

“Sirena no”. “Entonces paré mi moto en el agua y me bajé, di tres, cuatro pasos y llegué junto a él y me dijo Juan Pablo II: ¿Por qué mi hijo rápido, por favor no. Despacio, despacito, yo quiero estar con mi pueblo, no quiero ir rápido. Sirena no. Así nomás”. Y así se hizo.

Domingo y sus 11 compañeros de equipo decían durante su misión que el Papa no era de este mundo. “Kóa ndaha’éi ko yvy ári gua”, en guaraní.

El llanto que se llevaron aquel día fue inolvidable, 26 años después cree que valió el esfuerzo y la preparación a la que se sometieron desde casi un año antes para evitar atentados.

“Cuando eso no sabíamos en lo que se convertiría Juan Pablo II. ¡Quién iba a pensar! Ahora es mi santo patrono”, relata el comisario retirado, de 59 años, que brinda seguridad en el Colegio de Escribanos, de O’Leary y Jejuí, y vive en San Lorenzo.

Juan Pablo II pasó por Caacupé y Villarrica. En ambos recorridos, la multitud se agolpaba por la ruta y no se podía transitar. “Qué lo que no tiraban”, recuerda Domingo, que se convirtió, cree que por azar, en una persona muy ligada a Karol Józef Wojtyla, el 264º papa de la Iglesia Católica, muerto en el año 2005.

“Por dentro siempre él me está diciendo algo. Estoy muy ligado a él. Por esas cosas de la vida la calle de mi casa cambió de nombre y ahora se llama Juan Pablo II. Desde que estuve cerca de él estoy perseverando mucho en la Iglesia Católica”, cuenta el hombre que, curiosamente, en el último mes compró el número 88 de una rifa y ganó un cuadro del nuevo santo.