Monseñor Ignacio Gogorza
El desaliento y la desmotivación son dos de las características de nuestra sociedad. Hay poca esperanza en el futuro y pareciera que el esfuerzo para superarse no tiene sentido. "¿Para qué? Si no tienes alguien que sea amigo o que ocupe un puesto de relevancia; la capacidad y el título no te sirven”. Es una de las tantas expresiones que escucho con frecuencia.
Si uno analiza nuestra realidad, son verdad este pensamiento y otros similares. Consecuencia de ello es la resignación a lo que venga y se deja de luchar para superarse. Por otra parte, es necesario reconocer que la pasividad proviene también de la actitud de querer que te den todo servido y contentarse con lo mínimo. No existe un deseo de superación personal. Es una postura nefasta porque no se valora a sí mismo y conduce al conformismo.
Otra de las causas de esta desidia y de esta mediocridad y chatura de espíritu es el ansia de conseguir todo de inmediato. Cuesta aceptar que la consecución del ideal es fruto del esfuerzo y de sacrificio. Es un proceso que debemos asumir y vivir, aunque seamos poseedores de excelentes capacidades intelectuales y cualidades. El tiempo está en la perseverancia y no en la inmediatez o confianza excesiva en su propia capacidad. Es necesario, además, motivación para enfrentar los desafíos que nos presenta la vida.
Hace algunos años se buscaba para puestos de responsabilidad personas con un coeficiente intelectual elevado, con cualidades brillantes, con una personalidad deslumbradora. Hoy se buscan personas bien motivadas. Sabemos que llegarán más lejos y de una manera más armonizada y creativa. Es el viejo cuento infantil de la tortuga y de la liebre; para la carrera de velocidad, la tortuga estaba más motivada y menos capacitada. Gana a la liebre que, teniendo más cualidades para la rapidez, está menos motivada.
La experiencia me enseña esto mismo. Han triunfado en la vida aquellas personas que han tenido la paciencia de ir superándose paulatinamente y, por consiguiente, han sido capaces de esperar. Estar motivado firmemente es saber esperar. Supone valoración de metas, conciencia de recursos y apoyo en puestos de arranque que conllevan una opción de valores muy personal.
Lamentablemente la cultura, la universidad, la empresa, la política, nos suministran motivaciones realmente y frecuentemente desastrosas. Cuando escucho algunas arengas políticas, en particular, algunas orientaciones, nos ofrecen competitividad, éxito, consumismo creciente, estatus, pero con dependencia y, a veces, sin tomar en cuenta la ética. En síntesis, se tiende a afirmar que con ética y sin dependencia es difícil triunfar. Esto no es verdad.
Evidentemente, no son estos comportamientos que ayudan a ilusionarse para superarse más y más. Nos ayudan a descubrir que uno mismo debe elegir su objetivo y su motivación sabiendo quien es y quién, de verdad, quiere llegar a ser.
Motivarse para cada día es contar con recursos para ser tú mismo en una dirección procesual, en la realidad que acontece, buscando y llegando a ser lo que te propusiste. Así han triunfado los grandes hombres de la historia de la humanidad.