Por Nelson Avezada Girett - navezada@uhora.com.py
No hay producto más caro que aquel que no se tiene, porque puede llegar a frenar el desarrollo. Con la Industria Nacional del Cemento (INC) está ocurriendo tal fenómeno.
La realidad demostrable es que facturó 2,2 millones de dólares por 270.000 bolsas vendidas, partida que no puede entregar a sus clientes distribuidores -algunos de ellos maletineros- por el agudo déficit de producción que registra la fábrica, que últimamente desembocó en una grosera especulación en el precio final al consumidor.
En medio de esa impotencia de la cementera estatal, que ya escapa del lindero de la mera coyuntura, el nuevo presidente de esta entidad pública a poco de asumir el cargo ya insinúa la idea de incrementar los precios, supuestamente en razón de que habría una sangría por cada bolsa comercializada en el mercado.
El simplista proyecto de encarecimiento, que se divorcia de la racionalidad, ni siquiera contempla la posibilidad de reducir los costos de producción, para minimizar con instrumentos adecuados o decisiones empresariales las distorsiones en la producción de bienes o contratación de servicios.
Basta con presentar una ayuda memoria a las autoridades de la INC a la hora de evaluar costos.
Por ejemplo, la empresa importó clínker de Europa por 122 dólares la tonelada, cuando que el clínker nacional apenas tiene un costo por tonelada de 105 dólares, con la puntualización interpeladora de que en Paraguay existe reserva de piedra caliza capaz de abastecer nuestro mercado por 1.000 años.
Por otro lado, se transportó clínker de Vallemí a Villeta en camiones a 350.000 guaraníes la tonelada y se dejó de usar la modalidad fluvial, que solamente cobra 57.327 guaraníes la tonelada. ¿Qué incentivos o motivaciones tuvieron las autoridades de la INC para renunciar a transportar la materia prima a tarifas más bajas?
Se adquirió fueloíl por la vía de la excepción a mayor precio, ante el incumplimiento de contrato por parte de la proveedora oficial que ganó una licitación de suministro de dicho combustible de alto horno. A eso se suma que esta entidad del Estado ingresó 300 nuevos contratados en un periodo corto, lo cual tiene directa repercusión sobre la estructura de costo del cemento.
¿Es factible reducir costos en estos cuatro aspectos de la cadena de producción del pórtland nacional? Pues sí, y todo depende de que el actual presidente, Édgar Acosta Álvarez, renuncie de entrada al facilismo de castigar al pueblo vía precio, lo cual se traduce en encarecimiento de todas las obras, más aún aquellas de carácter social entendidas como soluciones habitacionales para los que viven en la pobreza.
¿Acaso la INC no tiene la capacidad de transformaciones productivas que induzcan a alcanzar niveles de competitividad? Ello no será posible si es que sus autoridades y el propio Gobierno no conciben que esta empresa requiere identificar las debilidades administrativas y fabriles e introducir los correctivos mirando el futuro cercano, sin dolosos manejos políticos.
La ineficiencia, los altos costos de producción y la falta de voluntad para administrar la empresa con criterio empresarial conspiran contra el bolsillo del pueblo, atendiendo que el cemento tiene su efecto multiplicador en el sector de la construcción.
En consecuencia, es aconsejable bajar los costos de producción y mantener los actuales precios. Es justicia...