23 abr. 2026

El político y el científico

Por Sergio Cáceres – caceres.sergio@gmail.com

caceres, sergio

Según Karl Popper, lo que diferencia a las ciencias naturales de las ciencias sociales es que en la primera se pueden realizar predicciones y en las segundas no. Sin embargo, la conducta de nuestros políticos es tan uniforme en todos sus aspectos, que cuando el dinero del Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide) fue a parar a las manos de los inescrupulosos que están al frente de las municipalidades, más de un cientista social pudo haber predicho que ese dinero iba a ser mal utilizado. Tanto dinero en manos de nuestros políticos no puede tener otro fin: es casi una ley cultural con estatus de ley natural.

En la semana que acaba de pasar, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) realizó una capacitación para los que fuimos adjudicados por la convocatoria de Prociencia, programa a través del cual se financiarán investigaciones de toda índole a lo largo y ancho del país por medio del Fonacide. Al menos una cosa quedó bien clara de la jornada en que nos mostraron cuál será el sistema de rendición de cuentas: el Conacyt no quiere que se malverse un solo guaraní de lo destinado a la investigación científica; el celo con que controlará el uso de los fondos demuestra que no dejará ninguna coma fuera de lugar.

Y no es para menos. Ya vemos lo que ha sucedido en las municipalidades, pues de lo contrario no se entiende cómo más de un centenar no han hecho su rendición de cuentas. Es probable que con el tiempo lo hagan, pero lo que ganan con eso es poder inventar papeles y maquillar datos para que más o menos los números cuadren y nos puedan demostrar que han sido honestos.

No voy a entrar en idealizaciones del tipo “el científico es moralmente superior al político porque busca la verdad”, y otros cuentos de hadas decimonónicos por el estilo. Pero me animo a poner la mano en el fuego de que mis colegas utilizarán el dinero del Fonacide para lo que prometieron, y lo rendirán en tiempo y forma. No es la primera vez que manejarán dinero ajeno para solventar sus investigaciones, y si hubo casos de malversación habrán sido los menos.

No hace falta ninguna investigación científica de corte antropológico para entender por qué se da la ley social que dice que cuando hay mucho dinero en manos de los políticos, será malversado. Es porque hay todo un sistema creado para permitir la impunidad y la corrupción. Este comportamiento puede ser revertido con políticas públicas efectivas y, por lo tanto, no es una ley contra la cual no podamos luchar. Simplemente debemos fortalecer nuestras instituciones de control y castigar a los corruptos.