Correo Semanal

El nombre de la rosa, cuarenta años

Umberto Eco tenía 48 años de edad cuando escribió su primera obra narrativa. Para muchos estudiosos de la literatura, es la primera gran novela posmoderna.

María Gloria Báez
Escritora

Antes de escribir El nombre de la rosa (1980 – hace 40 años), Umberto Eco (1932-2016) ya era una figura prominente en los círculos occidentales de filosofía y teoría literaria. Famoso por su crítica literaria constructiva, detallada y su trabajo sobre la teoría de la semiótica. Tenía 48 años cuando escribió su primera novela, y el mundo académico se asombró cuando reveló su secreta pasión por escribir y narrar. Para muchos estudiosos de la literatura, la primera gran novela posmoderna.

La novela comienza con lo que parece ser un prefacio del libro en sí. En las primeras páginas, un narrador que parece ser Eco, describe el hallazgo de un libro en 1968 el cual reproducía un relato del siglo XIV del monje Adso de Melk. El prefacio continúa describiendo cómo el narrador perdió luego el libro, solo para encontrarlo nuevamente en extrañas circunstancias. A continuación, los lectores encuentran un prólogo proporcionado por Adso, escrito ya siendo anciano. Los hechos que está a punto de relatar pertenecen al pasado lejano y tuvieron lugar cuando era un joven novicio benedictino al servicio de un monje franciscano, Guillermo de Baskerville.

Adso se traslada al pasado, específicamente al año 1327, dividiendo su historia en siete días, estructurando a cada uno según las horas canónicas, en las que los monjes se dedican a la oración formal. Vienen como emisarios del emperador para participar en un debate con una legación papal sobre la pobreza de Cristo y el estado de la orden franciscana. Los actores y temas claves incluyen a Miguel de Cesena, Luis IV, Guillermo de Ockham y los papas de ese periodo.

Una noche antes, un monje cayó desde el edificio más alto de la abadía. Durante los próximos días, ocurren más muertes extrañas y horribles, por lo que se vuelve claro lo que está en juego: Guillermo debe resolver este misterio antes de que llegue la delegación del Papa. De lo contrario, se sospechará de juego sucio y la reunión será en vano. El futuro de la orden franciscana depende de las habilidades de Guillermo para resolver misterios.

Parábola de la vida moderna

En esta novela de suspenso del siglo XIV, cada muerte expone una nueva pieza de una conspiración ancestral. La historia gira en torno a una serie de acertijos intelectuales y un libro prohibido que puede contener la clave del asesinato. El conocimiento peligroso y el futuro de la Iglesia Católica penden de un hilo. La novela ha sido llamada una parábola de la vida moderna que explora tensiones más amplias entre el poder secular y la fe.

Es un absoluto placer seguir a Guillermo mientras descubre los secretos más oscuros de la abadía, a menudo haciendo viajes prohibidos al laberinto de la biblioteca (la más grande de la cristiandad), acercándose a resolver el rompecabezas. Es astuto, moral, independiente y siempre un paso por delante. El lector se expone por primera vez a su brillantez durante su ascenso inicial junto con Adso a la abadía. Son recibidos por el cillerero de la abadía, Remigio, quien queda asombrado por el conocimiento de Guillermo sobre el caballo perdido del abad. Cuando Adso le pregunta a Guillermo cómo pudo deducir tanto sin ver el caballo, la respuesta de Guillermo es perfecta: “Durante todo nuestro viaje te he estado enseñando a reconocer la evidencia a través de la cual el mundo nos habla como un gran libro. […] Casi me da vergüenza repetirte lo que debes saber...”.

Tampoco falta el humor árido de Eco: durante la visita de Guillermo y Adso a la bóveda de la abadía, Adso se queda asombrado por los raros artefactos religiosos, como ser un fragmento de la Cruz Verdadera, y Guillermo le advierte que no le preste demasiada atención ...“He visto muchos otros fragmentos de la cruz, en otras iglesias. Si todo fuera genuino, el tormento de nuestro Señor no podría haber estado en un par de tablas clavadas juntas, sino en todo un bosque... ".

La obra está repleta de personajes en busca de la supuesta verdad, pero quienes insisten en tomarlo todo literalmente resultan ser enemigos de la vida misma. Cuando Guillermo y Adso finalmente se enfrentan al asesino, se encuentran cara a cara con un hombre que hará cualquier cosa para preservar la sombría solemnidad de lo que él llama "Verdad" acerca de los peligros de la risa.

Un libro que mata

Todo gira en torno a libros, "libros restringidos, libros espiritualmente peligrosos"; en particular, el segundo libro de la Poética de Aristóteles, un tratado de comedia y risa que parece ser el tema central de intereses de lectura de demasiada gente en la abadía. Es a causa de un libro, precisamente la Poética de Aristóteles que, todos los monjes han muerto (con la excepción de Severino y Abo, cuyas muertes estaban relacionadas con el libro, pero no causadas directamente por él), un libro que intentaron desesperadamente leer, esconder, en fin, un libro que mata, o por el que algunos matan.

“Oímos, a nuestras espaldas, una voz solemne y severa. "Verba vana aut risui apta non loqui" [...] El hablante era un monje encorvado por el peso de sus años, un anciano blanco como la nieve, no solo su piel, sino también su rostro y sus pupilas. Vi que estaba ciego. La voz seguía siendo majestuosa y las extremidades poderosas, incluso si el cuerpo estaba marchito por la edad. Nos miraba como si pudiera vernos, y siempre a partir de entonces lo vi moverse y hablar como si todavía poseyera el don de la vista. Pero el tono de su voz era el de quien solo posee el don de profecía...”. El monje ciego, anciano y profetizador en cuestión es Jorge de Burgos. Su personaje recuerda, una vez más y siempre en una dimensión de intertextualidad, a Jorge Luis Borges (1889-1986)

Para el viejo monje ciego, la risa es un capricho diabólico, que deforma los contornos del rostro y hace que las personas parezcan animales. Una afirmación tan aparentemente extraña da lugar a un debate entre los dos rivales, o némesis, Guillermo de Baskerville y Jorge de Burgos. El estilo es notablemente el de una "quaestio disputata" medieval. Guillermo refuta el argumento de Jorge diciendo que los animales no se ríen, y la risa es particular del ser humano. Jorge sostiene que también lo es el pecado y, además, Cristo nunca se rió. Para hacer realidad su "teología de la risa", Jorge de Burgos envenenó las páginas de ese libro fatal, el segundo libro, La Poética de Aristóteles. Así, las víctimas que intentaron leerlo, o simplemente tocarlo, han muerto envenenadas. Jorge era el asesino perverso, el monje ciego que, sin embargo, conocía demasiado bien la biblioteca (en su juventud podía ver), sus pasajes secretos y sus libros. Además, fue él quien, en primer lugar, llevó La Poética de Aristóteles escondiéndola en una sección restringida de la biblioteca, después de haberla encontrado en su España natal. Era un pergamino peculiar, escrito en "charta de panno", es decir, "charta lintea o papel de lino". El enigma está resuelto. Guillermo de Baskerville, el detective, descansa del caso.

Adaptando, deconstruyendo e incluso socavando la Poética de Aristóteles en su integridad epistemológica, y en general la teoría de la comedia del Filósofo, Eco desarrolla su disertación planteando una doctrina bastante peculiar sobre la risa, llena de cultura y teología.

La descomunal novela debe parte de su éxito al hecho del abordaje sobre muchos temas, desde la encantadora y arcaica tradición de las gemas hasta el tratamiento de temas tan relevantes hoy, como hace más de seis siglos: la censura, el fanatismo, los peligros y las promesas; de las ciencias naturales, y las trampas de la intriga política.

Recordemos que cuando Adso y Guillermo ascendían la colina hacia la abadía por primera vez, este le imploró a Adso ...“reconocer la evidencia a través de la cual el mundo nos habla como un gran libro”.

Eco comenta en su posdata que quería que cada lector de su libro emergiera con una interpretación diferente. Porque si es cierto que el mundo nos habla como un gran libro, entonces, quizás también sea cierto que un gran libro puede hablarnos como el mundo, y que como el mundo puede brindar una experiencia única y transformadora para todos los involucrados. Umberto Eco nos ha dejado un mundo por descubrir, escondido en la historia, en el lenguaje, en laberintos y bibliotecas.




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