07 mar. 2026

El nombre de Dios es misericordia

El papa Francisco lo recordó, con palabras de San Ambrosio, en su reciente viaje a la República Centroafricana, añadiendo: “Donde hay misericordia, allí está Dios”.

Y el insistir en esto no es ninguna escapatoria de un mundo que nos oprime.

Es cierto que estamos perdiendo sensibilidad ante tantas guerras, persecusiones, masacres, odios, catástrofes, epidemias… Cada vez nos interesan menos noticias sobre ancianos que mueren solos, niños explotados, mujeres maltratadas, emigrantes ahogados buscando una vida mejor, refugiados que no encuentran asilo… Y nos cuestionamos, ¿cómo puede suceder hoy todo esto?

Pero, insistimos: en estas circunstancias hablar de la misericordia de Dios no es huir con ella para dejar de sufrir. Propiamente es todo lo contrario. Es meternos en un horizonte más amplio y sacando fuerzas de él, para mejorar la vida.

“La misericordia es la capacidad de sentir con el otro, con el golpeado por las circunstancias. Es tener audacia y valor para compartir con él el sufrimiento y las penas y buscar su consuelo y su esperanza. Nos hace estremecer y vibrar ante el dolor, la amargura y la desesperación hundida por la soledad y el abandono. Exige anteponer al otro a mis caprichos, a mis prisas, a mis exigencias y darle paz, compañía y valor”. Angel García en La vida ascendente.

Pero, volvamos de nuevo al papa Francisco.

Lo admiramos por sus palabras, pero mucho más por sus gestos y acciones. Y en su visita a África Central con su conducta misericordiosa venció a los más fanáticos.

Sobre esto, una anécdota que nos cuenta Mons. Aguirre, obispo de Bangassou: “Y gracias sobre todo a Dios Padre que ha querido regalarnos dos días teñidos de paz, porque incluso aquellos dos jóvenes que raptaron para degollarlos, los devolvieron sanos y salvos, (¿por milagro de quién?) al final de la tarde, después de haber tenido la muerte rozándoles las gargantas”.