17 abr. 2026

El milagro económico 2010 con la Virgencita de Caacupé

¿Por qué los paraguas pensamos que el mundo está demasiado lejos de nosotros cuando en realidad nosotros estamos lejos del mundo?

Con muchos ojos -externos e internos- se mira al Paraguay y sus escenarios de crecimiento económico para el 2010, muy bien dibujados y con mucho optimismo, usando el indicador macroeconómico Producto Interno Bruto (PIB), como el medidor de la carrera. Soy directo y claro: ¡vamos a salir del pozo en el que caímos este año (-4,5%) después del progreso del 5,8% en el 2008 y está en nuestras manos caminar o correr hacia adelante el próximo año. Miren, por favor, las canchas para el partidazo del 2010. Pesimistas y antipatriotas, den un paso al costado. Tilingos de izquierda y de derecha, desaparecer del mapa. Admiradores del Paraguay del pasado, esfumarse. Fanáticos del estatismo, desintegrarse. Idiotas útiles del chavismo y del bolivarismo, emigrar a esos país contaminados. Veamos.

1) Se da como seguro -candeado- que hay un piso del 3,5% (PIB) de avance, como lo pronostica The Economist Intelligence Unit (EIU), de Londres; 2) Con el acompañamiento de una buena melodía, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dice que creceremos 3,9%, con más dinero para todos; 3) El gobierno luguista está cuidadoso y maneja ritmos de marcha del 3% al 4%, pero calcula que con un presidente de la República inteligente, Fernando Lugo, fijo hasta el 15 de agosto de 2013, nos guste o no nos guste -si Calé Galaverna no pudo enjuiciarlo políticamente al peor y más vergonzoso presidente que tuvimos, Lucho González Macchi, y hoy se abrazan como hermanos de sangre y corrupción, ¿por qué seguirlos cuando lo que menos les importa es el país -viviremos todos OK; y 4) Y hay amigos -consultoras privadas como la Fundación Desarrollo en Democracia (DENDE) y la PricewaterhouseCoopers (PwC) -que generosamente nos ven corriendo entre el 6% y el 8%, con el toque mágico de un salto no imposible del 10%.

Claro está, en mi humilde opinión, estos últimos movimientos sólo serán realidad con la bendición de nuestra amada Virgencita de Caacupé. Todos rendimos homenajes, veneramos y tenemos nuestras promesas y gracias íntimos para nuestra querida señora de los milagros, en su día, el próximo 8 de diciembre, de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Santa Madre de Dios, y de todos nosotros. Esta semana mucha gente habló conmigo, y me hizo, sin vanagloriarme, vocero para que públicamente, en nombre del pueblo, hiciera tres pedidos paraguayos concretos a la querida Virgencita azul de Caacupé. La selección no fue fácil. Había más reclamos y peticiones que fieles.

Primero: que nos devuelvan a Fidel Zavala a su casa, que es la nuestra, salvo y sano. Segundo: que lo que haya hecho mal el presidente Fernando Lugo como sacerdote y obispo no perjudique la imagen que de tu Santa Madre la Iglesia Católica tienen y tengan las generaciones jóvenes de hoy y futuras de mañana. Y tercero: danos la capacidad de creer y crecer en nosotros mismos, que es más importante que creer en los gobernantes que tenemos, y que vivir creciendo de la mano del gobierno o con el gobierno (demasiada gente es parásita del Estado); aunque sí somos responsables de que estén y sigan donde están, la calidad de gobernantes que votamos y elegimos. Solo así tendremos felicidad (con amor, naturalmente), salud, y seremos ricos de verdad (sin ser esclavos del dinero).

Mi querida Virgencita de Caacupé, te pregunto con la mano en el corazón, lo que te pedimos es ¿misión imposible? No te ofendas, madre mía, si le pido a tu hijo Jesús que también te ayude para ayudarnos. ¡Quiero tanto a mi país y lo veo con muchísimo mejor futuro si tan sólo sintiéramos vergüenza de acercarnos a tu basílica porque no somos dignos de tu protección divina, ya que no hemos sido hermanos! Un hermano vale más que un correligionario, que un simpatizante, que un camarada, que un hincha, que un rival, que un afiliado, que un partidario, que un socio. Este es el drama de Paraguay: ¡no somos hermanos! ¡Entre todos! Nos hermanamos entre pocos. Al estilo de las familias mafiosas.

La libertad de Fidel es la nuestra. En esta causa nacional es de cobardes no poner al país en primer lugar. Tu casa es mi casa, Fidel. Y mientras no regreses ¡todos estamos secuestrados!

La economía está fuerte y sana. Estaba en terapia intensiva (conclusión del estimado Ernst Bergen, ex ministro de Hacienda, en referencia al muy difícil periodo 2003-2008). Pasó a terapia intermedia (la herencia del nicanorismo económico que se autosuicidó políticamente al no pasarle la posta el castiglionirismo). Y saldrá de terapia con Dionisio Borda y Jorge Corvalán, sin olvidarme, nobleza obliga, del eje fundamental de un Carlos Mateo Balmelli en Itaipú. (Nuestro futuro mejor con Brasil: la décima mayor economía en el mundo, el quinto país con mayor población en la tierra, el líder latinoamericano, la nueva potencia internacional, en camino a integrar la familia de las cinco más grandes economías de una historia que la vivirán nuestros hijos y sus hijos.)

¿Tomarlo a Brasil como rival? ¿Por qué Pepe Mujica el ex guerrillero tupamaro, próximo presidente de Uruguay, con el primero que se reunirá es con Lula? ¿Por qué un izquierdista tiene como vicepresidente a un liberal en lo económico como Danilo Astori? ¿Por qué los uruguayos, que son la mitad de nosotros, tienen metido en la cabeza que deben meterse en el mundo para tener futuro, y que a su vez deben permitir y alentar que el mundo se meta de lleno en Uruguay? ¿Por qué los paraguas pensamos que el mundo está demasiado lejos de nosotros cuando en realidad es que nosotros estamos muy lejos del mundo? ¿Por qué el inicio del segundo puente de unión con Foz de Yguazú no se dio en 1994?

¡Por Dios! Mirando los dibujos excelentes del 2010, grito a los cuatro vientos: ¡que no nos jodan! ¡Perdón, Virgencita mía de Caacupé, perdón! Se me salió el indio. Es que de sólo pensar que mi amigo Calé lleva cinco periodos parlamentarios como ¿legislador?, me veo en la obligación de arrodillarme ante ti y suplicarte: perdónanos, no sabemos lo que hacemos.

Duele decirlo, pero hay que decirlo.