Itacurubí de la Cordillera se encuentra apenas a 70 kilómetros de la capital, pero en la década del 60 los niños de la zona no tenían escuelas de fútbol donde ir a pulir sus condiciones naturales.
Felipe Nery Franco quería ser futbolista. Pero él también tuvo que aprender solo. “Cuando tenía alrededor de 10 años jugaba en la escuela o en canchitas cerca de casa o en la calle. No teníamos la posibilidad de ir a una escuela de fútbol porque no había. Nos formábamos como futbolistas nosotros mismos. Pocos eran los que te enseñaban cómo chutar, cómo marcar, chulear”, recuerda en su negocio de ropas de Luque.
Ya tenía 18 años cuando se inició, en 1977, en el club Cordillerano, que participaba en la Federación Deportiva del Yhaguy. En el club de su pueblo jugó hasta 1979.
Su corpulencia y su remate potente con la zurda lo hicieron un jugador destacado y en 1980 llegó al fútbol de ascenso de la capital.
Independiente de Campo Grande fue el beneficiario de sus goles y apenas un año después dio el salto grande.
EL PRIMER GRANDE. En 1981 pasó a Cerro Porteño y enseguida su espigada figura y su potencia goleadora lo convirtieron en ídolo del Ciclón, sobre todo porque en el año y medio que estuvo en sus filas le marcó varios goles al tradicional rival, Olimpia, el club del cual era hincha de chico.
La carrera de Franco siguió su rápido ascenso y a mediados de 1982 pasó al Elche de España, donde vivió los que fueron, seguramente, los mejores años de su carrera.
Conocido como Neri por la afición ilicitana y por la prensa española, las buenas campañas del Elche se sustentaron en los goles del ariete paraguayo.
En ese equipo jugó hasta 1985 y en 1986 cambió de club, pero no de país, pues siguió jugando en España, esta vez en el Cartagena.
Pero Franco quería pegar la vuelta y estar más cerca del terruño. “Fui al Unión Magdalena de Santa Marta, Colombia, jugué ahí dos años (1987 y 1989) y también en el Cúcuta Deportivo, en 1988".
Tras finalizar su contrato con el Unión Magdalena, Franco cumplió su sueño de jugar en Olimpia.
Integró el plantel campeón de América en 1990, jugó la Supercopa y marcó un gol importante en la marcha de Olimpia hacia el título. Sobre el final del partido de local, contra Rácing de Argentina, le marcó a Goycochea el gol del empate definitivo.
También fue protagonista del encuentro por la Intercontinental en Japón contra el Milan de Italia.
“Sabíamos que era un equipo muy poderoso, muy fuerte, con muy buenos jugadores como Gullit, Rijkaard, Van Basten, Baresi, Maldini, Costacurta, un defensor muy fuerte. Jugar contra ellos tuvo un significado muy importante”, comenta con orgullo. Ese Milan fue uno de los mejores equipos de la historia.
LA VUELTA A ESPAÑA. Después de ese gran momento, de logros deportivos importantes, Franco (ya era el Cavernícola, apodo impuesto por un periodista radial) jugó en 1991 en la Unión Deportiva Salamanca de España.
En 1992 otra vez volvió al país para jugar en Libertad. Pasó a Guaraní en 1993 y en 1994 de nuevo en Cerro, algunos meses. Ese año retornó a Libertad.
“En 1995 jugué en Técnico Universitario de Ambato, Ecuador. En el 96 y 97 jugué en el Unión Deportiva Aspense y ahí terminé mi carrera”, rememoró.
Él, que fue un autodidacta del gol, hoy espera la oferta de algún club para transmitir sus conocimientos como técnico.