El zapatazo del León Guaraní no solo achicó la diferencia en el resultado sino produjo el mayor cambio de actitud que puede tener un equipo, el creer y confiar en sus fuerzas. Unos segundos antes, el mismo Haedo mostró el camino de la convicción con otro zapatazo que sacó el portero Romero.
Y, enseguida, el gol que empezó a levantar a la Albirroja, a darle ese espíritu de lucha que parecía perdido, pero que está allí esperando ser recuperado. Y surgió. Ese segundo tiempo albirrojo merece el aplauso, el reconocimiento, porque fue el despertar y luego vio el empate con Barrios a un minuto del tiempo reglamentario.
mal inicio. Y el equipo del primer tiempo es el que Ramón Díaz debe eliminar.
No hubo presión y si lo hubo no se notó porque fue muy pasiva, las pelotas sacadas por la defensa rebotaban y volvían a los pies de los argentinos siempre. Nunca tuvimos salidas claras y la primera jugada de gol llegó recién en el segundo tiempo (14’).
El andar cauteloso de la Albirroja derivó en un 2-0 claro de Argentina, que a media máquina hirió cuando se propuso, aunque el primer tanto fue producto de un error individual grosero de Samudio. Estos partidos se juegan con máxima concentración y no hay margen de error o si no se paga caro. Primera duda y ¡pum! Agüero no perdonó.
Messi había mostrado solo chispazos luciéndose con un túnel muy festejado por los argentinos, pero pasó mayor tiempo como desentendido del partido, aunque cada vez que entraba en juego era imparable y detenido solo con falta. Otra falencia defensiva, penal contra Di María, que Messi colocó pegado al palo izquierdo de Silva, que también tuvo otras tapadas fundamentales.
Paraguay salvó el debut, frenó al candidato y, lo fundamental, con un segundo tiempo que da muchas esperanzas de que el equipo puede recuperar su espíritu de lucha y volver a ser la Albirroja que hasta hace poco era.