Opinión

El derrumbe de las dictaduras perfectas

 Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

Andrés Colmán GutiérrezPor Andrés Colmán Gutiérrez

“La dictadura perfecta” es la expresión que usó en 1990 el novelista peruano Mario Vargas Llosa para calificar al sistema político implementado por el PRI en México para mantenerse en el poder por 70 años, bajo una fachada democrática. En 2014, el cineasta mexicano Luis Estrada usó el título en una estupenda y demoledora película satírica.

En rigor, el término podría aplicarse al sistema de democracia imperfecta (“democradura” la llamaba el autor uruguayo Eduardo Galeano) que sigue rigiendo en el Paraguay y en otros países latinoamericanos, pero le calza igual a los esquemas semifeudales que algunos caudillos regionales instalaron en el país tras la caída del stronismo.

Una de las “dictaduras perfectas” fue el imperio que caciques colorados instauraron en Itapúa y se mantuvo imbatible durante 75 años, ofreciendo una fachada de modernidad con el desarrollo del agronegocio, la fuerte inversión económica de Yacyretá y el gran auge del turismo, pero no fueron suficientes para ocultar los grandes negociados por detrás, el férreo control político y del periodismo local. Una ciudadanía que al principio se mostraba pasiva y sometida, se despertó harta de la corrupción y decidió romper la racha, eligiendo sorpresivamente en el 2015 al candidato de una alianza opositora como intendente municipal de Encarnación.

Otra “dictadura perfecta” es la que se instaló desde 2001 en Ciudad del Este y en gran parte del Alto Paraná. Apropiándose de una corrupta estructura creada durante el stronismo por poderosos caudillos fronterizos, el actual senador Javier Zacarías Irún construyó un gran sistema de poder con una red electoral alimentada a base de populismo y prebendarismo, coqueteó con varias corrientes políticas del coloradismo y mantiene desde hace 17 años a una dinastía familiar al frente de la Intendencia municipal esteña y la Gobernación departamental, con nexos en el Gobierno central, los poderes Legislativo y Judicial, y un fuerte control mediático.

Al igual que en Itapúa, la utilización de millonarios fondos de la Entidad Binacional Itaipú, junto al esquema de protección a negocios fronterizos ilícitos a través de los puertos clandestinos sobre el río Paraná, permitió construir una imagen de gestión moderna y funcional.

La ciudadanía esteña, que al principio se mostraba pasiva y sometida, fue despertando y movilizándose cada vez más contra el llamado Clan Zacarías. Este martes, una multitud en las calles celebró la decisión de la Junta Municipal de pedir la intervención de la Comuna esteña, en momentos en que la Fiscalía también abre una investigación por enriquecimiento ilícito contra varios integrantes del clan.

Las “dictaduras perfectas” del Paraguay empiezan a derrumbarse, gracias a la lucha ciudadana. De todos nosotros depende que no puedan regresar nunca más.

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