Correo Semanal

El crimen de Ajos

 

Mario Rubén Álvarez

A mitad de la década de 1920 se hizo célebre lo que se dio en llamar “El crimen de los hermanos Cardozo”. Dos compuestos, uno de Darío Gómez Serrato y otro de Emiliano R. Fernández han relatado, desde puntos de vista diferentes, el bárbaro derramamiento de sangre.

Ajos, en realidad Nuestra Señora del Rosario de Ajos, era una población fundada por el gobernador Jaime San Just, el 7 de octubre de 1758, como un punto estratégico para frenar las invasiones de los bandeirantes. Desde 1931 se llama Coronel Oviedo en homenaje al guaireño Florentín Oviedo, héroe de la Guerra Grande, que se había mudado a los aires del suelo que luego llevaría su nombre.

Siendo aún Ajos el nombre del pueblo, en junio de 1925, tal como sostiene el bien documentado libro del abogado Juan Marcos González titulado Masacre en Ajos (Asunción, Editorial Intercontinental, 2017, de 164 páginas), allí ocurrió un crimen en el que fueron despojados de sus vidas una pareja y seis de sus hijos, sobreviviendo una niña, de 3 años, que había sido herida. Los diarios de la época fueron la fuente del investigador en cuyo texto se basa buena parte de este relato.

El suceso ocurrió en la compañía Plácido, no muy lejana del centro de Ajos. El investigador vincula esa identidad al montonero y revolucionario Plácido Jara, el célebre jefe de Los Macheteros de la Muerte de la Guerra del Chaco, quien había salido al exilio después de la derrota sufrida por las fuerzas del coronel Adolfo Chirife, a las que apoyó en la revolución entre liberales de 1922 a 1923.

“En la mañana del 27 de junio de 1925, los escasos pobladores de una compañía llamada Plácido amanecieron con una noticia que convulsionaría al país. Don Miguel Gauto, su esposa De la Cruz y todos sus hijos fueron asesinados a machetazos dentro del rancho que habitaban”, relata González añadiendo que ni los animales domésticos se salvaron de la furia atroz de los asaltantes. El móvil del crimen fue el dinero. Don Gauto acababa de cobrar una suma de dinero importante por la venta de su tabaco y la venta de vacunos.

Investigación

La Policía de Asunción comisionó a la zona al investigador Elías Meaurio quien escuchando los relatos de los lugareños, observando el escenario de las muertes, atando y desatando cabos, llegó a la conclusión de que los hermanos Cardozo habían sido los malhechores. “Resultaron ser tres hermanos: Luis, Joaquín y Saturnino”, dice Juan Marcos González acotando que “con ellos también fueron demorados dos supuestos cómplices, un tal Gorgonio Cardozo y otro sujeto Victoriano de los Santos”.

Muchos pedían para ellos la pena de muerte pues habían matado para robar. Y tal condena sufrieron Luis y Joaquín pues Saturnino había fallecido en la prisión. Ellos nunca se declararon autores de lo ocurrido. Ya a punto de ser fusilados, el presidente José P. Guggiari les conmutó la sanción por 30 años de cárcel.

El número 35 de la revista Ocara poty cué-mí traía los dos compuestos cuyas músicas hay que suponer pertenecían a ambos autores. El de Gómez Serrato con el título El crimen de Ajos –que González denomina Don Miguel Gauto y difiere en parte la letra en relación al original que aquí se menciona–, está fechado en diciembre de 1925; y el de Emiliano R. Fernández, más breve, llamado De los hermanos Cardozo firmado con el seudónimo Kurupi Saite y en diciembre 23 de 1929. De esta fecha hay que concluir que la revista era de 1930 y que los hechos son abordados por ambos autores en distintos momentos: Uno los tomó al comienzo y otro ya cuando habían sido condenados a muerte los criminales. Emiliano era contrario a la pena de muerte.


Memoria viva

El crimen de Ajos
En castellano ha avañe’ême amombe’úta
tove entero ñaime haguéicha tañaentende
desde el principio la triste historia que el alma enluta
crimen horrendo pueblo de Ajos-pe oikova’ekue.

Plácido héra lugar distante como una legua
donde contentos y honradamente siempre ovivi
don Miguel Gauto con sus seis hijos y su señora
joheipyre ha imba’apóva familiami.

En ese mismo paraje viven cuatro bandidos
ipy’aróva ha itujupáva pe ikorasô;
son Saturnino, Joaquín, Gorgoño, Luis Cardozo
tigres salvajes que el mismo crimen los engendró.

Degenerados, como asesinos profesionales,
nomba’apóigui caña ha juego rehe ohasa
siempre en acecho de alguna presa, como chacales,
fueron fraguando crimen sin nombre hechapyrã.

Y a la tranquila y trabajadora familia Gauto
ovendepáre imandyju ha hymba mimi
resuelven juntos premeditado el asesinato
plata potágui, ojukapávo con ese fin.

Y en una noche iko’ê haguã 26 de junio
tyryryhápe hóga rokê rehe oñemboja
puñal en mano machete Toro neraimbepáva
con un “buen día” don Miguel Gauto-pe osaluda.

Él, inocente, sentado estaba ya en su cocina
rambosaguã nune tata ypýpe ombosako’i
y al levantarse por ver quién llega, mano asesina
de un fiero hachazo bárbaramente iñakã oparti.

Sigue la horrenda matanza impía sembrando espanto
mitãme ikéra otopaháicha oasesina
mientras la madre ante la muerte, con voz que es llanto
suplica triste: “Luis… anína Luis che juka”.

Sangre y lamentos, pavor y duelo, misterio y muerte
los criminales bajo la culpa odisparapa;
solo ohecháva Joaquín-pe ohóvo fue De los Santos
callando todo lo sucedido, tenonderã.

La Policía siguiendo pista con diligencia
y Elías Meaurio Paraguaýgui va en comisión
logrando luego, con fino tacto, su inteligencia
orredusívo los malhechores a la prisión.

Hoy ya en las manos de la justicia todos se encuentran
cárcel guasúpe idelíto infame opurga joa;
jeko pytûnte ha okerãnguéta ou ichupekuéra
mitã hasêva… ¡Ipy’aitére oguapy haguã!
Autor: Darío Gómez Serrato

En 1925, en el pueblo de Ajos, que unos años después pasaría a llamarse Coronel Oviedo, ocurrió un horrendo crimen abordado por dos grandes poetas populares.

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