20 mar. 2026

Desilusión

Paraguay cedió ante Brasil 2-0, sale de zona de clasificación y estira a 5 la racha sin ganar en casa. La última, en 2017.

Sin respuestas. La Albirroja hizo poco ante un conformista Brasil y cayó de local, ante el rival de turno, tras 35 años.

Sin respuestas. La Albirroja hizo poco ante un conformista Brasil y cayó de local, ante el rival de turno, tras 35 años.

Pasa el tiempo y lo que era un baluarte inexpugnable (el Defensores del Chaco) se convirtió en cosa fácil para los rivales. Brasil, sin exponer mucho, se llevó lo que vino a buscar, traspié que nos aleja de la privilegiada zona de clasificación y que enciende alarmas con respecto a la conducción del equipo.

En el recuerdo quedó ese equipo fuerte, en el que suplía las carencias con entrega y que peleaba con una idea definida, más allá de la diferencia de jerarquía con respecto al rival que nos visitaba.

Porque el entrenador Eduardo Berizzo no tuvo la sapiencia para intentar algo más que una tímida propuesta. Mezquino y más preocupado por la destrucción, el elenco paraguayo se paseó por el campo y no tuvo ideas para formular las pocas veces que recuperó, siendo el único nombre rescatable por las ganas e ímpetu que impuso el volante Ángel Cardozo.

MUY POBRE. Otra vez la zona ofensiva fue expuesta al sacrificio, siendo descomunal el recorrido por parte de Miguel Almirón y Ángel Romero. En el medio la ausencia de generación aisló a los atacantes que tuvieron que correr demasiado.

Berizzo además regaló más de un tiempo con un inoperante, lento y predecible Gastón Giménez. Encaprichado con el volante, el entrenador tampoco dio lectura al juego y tardó en variar, exponiendo a los marcadores en funciones que no estuvieron a la altura.

La defensa también tuvo su punto flojo. Por momentos desordenado, el rival aprovechó esa falencia y las veces que aceleró expuso la total improvisación para la marca.

A su vez Brasil mostró ser un equipo compacto y conocedor de sus virtudes. Atacó cuando necesitó y fue capaz de mantener la distancia ante un equipo paraguayo al cual le cuesta demasiado saber qué hacer con la pelota.

En casi un cuarto de camino recorrido, preocupa la ausencia de una propuesta sólida, o al menos hombres fijos para estructurar una base, lo que oscurece más el panorama para un posible retorno mundialista.

Veremos qué tanto pueda servir otra Copa América, en una conducción que solo sabe improvisar.

La figura: Neymar. Marcó diferencia con clase y jerarquía, fue el motor en Brasil y el encargado de marcar el ritmo en cada ataque.