02 mar. 2026

Decenario al Espíritu Santo

Para dejarnos aconsejar y dirigir por el Paráclito debemos desear ser por entero de Dios, sin poner conscientemente límites a la acción de la gracia; buscar a Dios por ser Quien es, infinitamente digno de ser amado, sin esperar otras compensaciones, tanto en los momentos en que todo se presenta más fácil como en situaciones de aridez.

El don de consejo supone haber puesto los demás medios para actuar con prudencia: recabar los datos necesarios, prever las posibles consecuencias de nuestras acciones, echar mano de la experiencia en casos análogos, pedir consejo oportuno cuando el asunto lo requiera...

Es la prudencia natural, que resulta esclarecida por la gracia. Sobre ella actúa este don; es el que hace más rápida y segura la elección de los medios, la respuesta oportuna, el camino que debemos seguir.

El papa Francisco en una de sus homilías dijo: “Hemos escuchado hoy en la lectura de esa cita del libro de los Salmos: el Señor me aconseja, el Señor me habla interiormente. Esto es otro don del Espíritu Santo, el don del consejo. Debemos preguntarnos, sin embargo: ¿Cómo actúa este don concretamente, dentro de nosotros y en nuestra vida? ¿Y cómo podemos escucharlo y seguirlo?

En el momento en el que lo acogemos y lo albergamos en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza enseguida a sensibilizarnos a su voz y a orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras intenciones según el corazón de Dios.

La condición esencial para conservar este don es la oración, siempre volvemos a lo mismo: la oración. Es muy importante la oración. Rezar. Rezar las oraciones que todos nosotros sabemos desde pequeños, pero también rezar con nuestras palabras, rezar al Señor: ‘¡Señor, ayúdame! ¡aconséjame! ¿Qué debo hacer ahora?’

Y con la oración hacemos espacio para que venga el Espíritu y nos ayude en ese momento, nos aconseje sobre lo que todos debemos hacer. La oración ¡nunca olvidéis la oración! ¡Nunca! Es el Espíritu que nos aconseja, pero nosotros debemos darle espacio, espacio al Espíritu para que nos aconseje. Dar espacio es rezar. Rezar para que él venga y nos ayude siempre.”

(Del libro Hablar con Dios y www.aleteia.org/es/religion/en-directo/live-audiencia-general-del-papa-francisco-del-7-de-mayo)