25 ene. 2026

De tiro largo

Central fuerte, de buen quite y de disparo potente, Isidoro Aquino fue pilar en las buenas campañas de Luqueño en los ochenta.

El apodo lo acompaña desde hace mucho, tanto que ni se acuerda quién se lo puso, ni cuándo, ni por qué: ¡Paloma! El grito precedía a la invitación para ir a jugar fútbol en cualquier baldío de Luque.<br/><br/> Y así lo seguían llamando cuando ya adolescente le sugirieron que fuera a probar suerte en el Porvenir Paraguayo de la Liga Luqueña.<br/><br/> Eran años en los que el Sportivo no peleaba campeonatos y las preferencias de los niños luqueños se decantaba por los grandes de la capital.<br/><br/> A Isidoro lo tiraba más la camiseta con la franja negra sobre el pecho que la azul y oro. Por eso sus primeros pasos los dio en clubes regionales antes que en el Luqueño. De su primer equipo pasó al 31 de Agosto de su barrio, donde debutó en el primer equipo en 1979 como centrodelantero; y en esa temporada consiguieron el título. <br/><br/>En los primeros meses de 1981 lo llevó el 3 de Febrero de Yaguarón, donde empezó a jugar de central. En marzo de ese año Luqueño lo reclutó para sus divisiones inferiores y en 1982 ya daba el salto a la Primera División.<br/><br/>INTERNACIONAL. En 1983 fue convocado para la Selección Juvenil que disputó el sudamericano en Bolivia. A pesar de la mala experiencia de quedar eliminados con la Albirrojita en primera ronda, Isidoro se estabilizó en el primer equipo el Sportivo con el correr del torneo. <br/><br/>Luqueño realizó una gran campaña y a punto estuvo de ser campeón, perdiendo en la final contra Olimpia, en los primeros días de 1984. Aquino tuvo que disputar el puesto de back centro con dos gigantes del puesto como Hugo Benítez Isasi y César Zavala.<br/><br/>Enseguida fue convocado a la Selección Preolímpica que perdió la clasificación casi asegurada para la cita en Los Ángeles.<br/><br/>También disputó la Copa Libertadores de ese año contra el Decano, Estudiantes e Independiente (después campeón) con una decorosa campaña.<br/><br/>Defendió a Luqueño hasta 1985, año en el que fue vicecampeón sudamericano juvenil con la Albirroja, con la que también disputó el Mundial de la URSS. <br/><br/>En 1986 pasó a los Tigres de la UANL de México, pero una lesión en los meniscos apuró su retorno al país.<br/><br/>LA VUELTA. Su club de la infancia, Olimpia, lo contrató en 1987 e integró el equipo campeón de 1988, aunque ya había pasado por una segunda operación de rodilla. Pero no era todo.<br/><br/> “No entré en la lista de la Copa Libertadores porque me había operado por tercera vez y me dijeron que buscara otro club”, explica. <br/><br/>Entonces, Epifanio Rojas lo llevó a Tembetary en donde solo pudo jugar unos meses.<br/><br/>Isidoro no se había recuperado totalmente de la lesión y eso lo obligó a quedar parado el resto de la temporada.<br/><br/>En 1990, Luqueño lo rescató de su retiro temporal y así defendió de nuevo al auriazul durante un año, y compartió con Romerito a su vuelta al fútbol paraguayo.<br/><br/>Al final de temporada fichó por Humaitá en un último intento de superar la lesión. Pero tuvo que abandonar la práctica profesional al no poder retomar su nivel.<br/><br/> Dedicado ocasionalmente a la dirección técnica, Paloma cría a sus dos hijos con el recuerdo de su esposa, quien partió prematuramente. Con su suegro explota una estación de servicio y de vez en cuando despunta el vicio y sigue ensayando sus largos remates llenos de potencia.<br/><br/>