Opinión

Cuarentena “inteligente”

 

Avanza la cuarentena con un plan de flexibilización gradual por parte del Ministerio de Salud, aplicando una sintonía fina basada en datos e indicadores para intentar un mayor equilibrio entre el impacto en la actividad económica y el ritmo de contagio del nuevo coronavirus. Una tarea difícil y riesgosa, pero necesaria, porque los efectos económicos de la cuarentena total han sido significativos.

Sin embargo, si bien la preparación de un plan de flexibilización es importante para que la población y los distintos sectores económicos tengan alguna idea respecto al momento en el cual podrán empezar a trabajar, la palabra “inteligente” significa que la misma se administrará con base en la evolución de contagios en relación con la capacidad del sistema de salud. Esto implica que es probable que se retroceda en algunos sectores, se postergue o se avance más rápido en la apertura de otros, dependiendo de si las medidas preventivas, como el lavado frecuente de manos, el uso de tapabocas y el distanciamiento físico, son incorporadas a nuestros hábitos diarios e impacten positivamente en la reducción del índice de contagios y de la propagación del virus. Considerando el tiempo necesario para el desarrollo de vacunas efectivas para controlar el virus, esta cuarentena inteligente permanecerá un buen tiempo.

El impacto económico es catastrófico. Según datos preliminares, la recaudación de impuestos tuvo una merma de alrededor del 50% en el mes de abril. Si bien está dentro de lo proyectado, es un reflejo del impacto en la actividad económica. Varios sectores muy importantes seguirán sin abrir sus puertas. Por ejemplo, el comercio fronterizo de triangulación, en gran parte informal, pero muy importante en la economía y para miles de familias que dependen de esta actividad, está totalmente parado sin planes de reapertura de las fronteras. Otros sectores como shoppings, bares, restaurantes, cines, educación pública y privada tienen fechas tentativas de apertura, pero sujetos a los datos.

Por otro lado, el sector agrícola ha sido menos impactado hasta ahora porque el comercio exterior está permitido. Sin embargo, el virus tiene un impacto a escala global, lo cual provoca una reducción en la demanda global de todos los bienes, incluidos los commodities. El mercado del petróleo ya ha experimentado una enorme interrupción. Por su posición en la escala de prioridades, los alimentos tienen una mayor estabilidad en su demanda, pero no podemos descartar un desbalance entre oferta y demanda mundial que impacte los precios internacionales de manera importante.

Por lo tanto, si bien la cuarentena inteligente es un avance, la incertidumbre sigue siendo muy elevada y hay riesgo de quedar atrapados en un círculo vicioso de baja actividad, alto desempleo y un pesimismo generalizado. Las empresas están acelerando sus procesos de innovación para desarrollar sistemas de comercialización y prestación de servicios no presenciales. Esto provoca un cambio estructural en la relación con sus clientes y empleados. Hay sectores más adaptables, otros no. Muchos empleos podrán ser reconvertidos y otros se perderán.

Ante este escenario, el Equipo Económico del Gobierno debiera implementar una política económica y social que complemente la cuarentena inteligente. La elevada incertidumbre reduce la efectividad de la política monetaria, porque las personas y empresas están pensando en cómo sobrevivir y no en invertir. Por lo tanto, es necesaria una política fiscal muy activa para seguir proveyendo ingresos de subsistencia a la población más vulnerable e incrementar la actividad y generar empleos a través de la inversión pública. El camino es ampliar la Ley de Emergencia con recursos adicionales para extender los períodos de cobertura de los subsidios para trabajadores formales e informales y agregar un programa de inversiones públicas adicionales en infraestructura en las ciudades más importantes del país por aproximadamente USD 50 millones mensuales por un período de 18 meses. Estas medidas aumentarán el déficit fiscal y la deuda pública, pero son necesarias para sostener la economía y los ingresos de nuestra gente.

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