24 ene. 2026

Crimen y castigo

Por Carolina Cuenca - ccuenca@uhora.com.py

Rodion Raskolnikov está rodeado de mujeres generosas, mas esto no le basta para sobrevivir.

Es un estudiante pobre, pero lleno de orgullo e ideas. Una de ellas es perversa y cobra fuerza en su mente perturbada: matar y robar a una vieja y despiadada usurera. Al final, también mata a la buena hermana de la prestamista.

Otra mujer escuchará su ofuscada confesión, una chica marginal pero buena, buena como la gran mayoría de las mujeres de su muy bonita Rusia.

Sugestionado por su amiga, confiesa, y ella, por amor, lo acompaña a cumplir su pena en la lejana Siberia. Más o menos así se desarrolla la dramática historia del genial escritor Dostoyevski, que recordé en estos días: Crimen y castigo, un clásico.

Es que leyendo las declaraciones acerca de la condena -merecida, pero también muy mediatizada- de Adolfo Trotte y escuchando a sus hijos en el Tribunal, me vino a la mente aquella historia del siglo XIX que, por humana y verdadera, se aplica a tantas circunstancias.

Varias preguntas se agolpan ante un crimen. Siempre es cruel el asesinato y siempre es dramático hacer justicia. A eso hoy se suma el bullicio del pueblo, azuzado por una visión política que trata de “visibilizar” a las mujeres maltratadas y alejar de sí toda culpa en este embrollo.

Sin embargo, como Dostoyevski, yo creo que el drama es más complejo porque -nos guste admitirlo o no- el asesino es también, tanto como su víctima, ¡parte de nosotros!

Su experiencia no nos puede ser tan ajena, aunque nos repulse la idea.

Por eso, a mí no me gusta encasillar su crimen en eso que llaman feminicidio, ni su castigo lo tomo a la ligera. Porque no se aliviana mi conciencia golpeada por esta violencia en alza -que nos rodea y nos amenaza, pero que también nace de nosotros-, por el solo hecho de acrecentar la pena del actual sindicado como culpable.

Es notable porque el protagonista de la novela de Dostoyevski es, en principio, el típico ejemplo de proyecto exitoso, hecho de orgullo, racionalidad y pretensión.

Luego del crimen se desnuda su desconcertante irracionalidad, su pequeñez y su compleja dualidad.

Con el tiempo lo salvarán la humildad de enfrentar la realidad tal y como es, la aceptación interior del castigo merecido y la perspectiva de un amor gratuito e inesperado.

¿Un humanismo solo literario?

Quizás, pero que también hace pensar en el origen de la crueldad humana, en su pretensión, en la verdadera justicia, en la complejidad de la conciencia y también en la femineidad que, entretanto, deslumbra su mejor rostro en aquella recomendable obra, cuando es una mujer la que salva y sana porque, a pesar de todo, cree, y la fe es el principio de la cura.