Por Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py
Esperando a un amigo en un café céntrico, no pude evitar escuchar la conversación telefónica que un septuagenario abogado y exparlamentario liberal mantenía con algún conocido.
-Pero, mi apreciado doctor, ¿usted cree posible que haya diputados que vendan su voto por cinco mil dólares? Vea, yo tampoco, pero me aseguran que sí. Es demasiado poco para tanta desvergüenza. Aunque dicen que el mercado de votos parlamentarios se devaluó mucho últimamente. Y sí..., cierto también es eso. En los meses finales del mandato hay algunos que aceptan lo que venga. De todos modos, me resisto a creer, es muy poco, le repito. Antes había más respeto al cargo, más dignidad. No salía tan barato comprar un diputado. Imagínese, ¡cinco mil dólares! Me da vergüenza ajena...
Sí, ya sé que el gobernador Amarilla, el senador Wagner y ese diputado jovencito, Diego Vera, aseguraron que corrió dinero para rechazar el Metrobús. Alguna explicación, pues, tiene que haber para que algunos firmen un dictamen en un sentido y en la plenaria voten al revés. Fue un escándalo, pero usted sabe mejor que yo que eso no basta. ¿Y las pruebas, mi respetado doctor? Aunque existiera un video de la reunión entre diputados y transportistas no serviría de nada. ¡Ja, ja! Tiene razón, sería un mero registro de la mayor concentración de corruptos por metro cuadrado del territorio paraguayo.
Pero claro que hay excepciones. Hay diputados honestos, cómo no. ¿Los de Patria Querida? Mmmhhh..., yo creo que esos no se vendieron, pero en el caso Metrobús actuaron de modo curiosamente tonto. Todos ellos se abstuvieron la primera vez que se trató el tema. Y, ahora, en la segunda, se confundieron al votar, dijeron. La bancada autoproclamada como la más lista y profesional de Diputados se confundió, ñandeko.
¡Y claro que es escandaloso! Pero parece que de tan acostumbrados, ya no reaccionamos. Y los diputados si que lo que están enojados. Le quieren querellar a Carlos Amarilla y suspender al diputado Vera.
Y sí, leí que al pobre fiscal Giuzzio lo mandan a hacerse cargo del caso. Misión imposible, mi amigo. La corporación es impenetrable y terminarán mandando a Giuzzio al Jurado de Enjuiciamiento. ¿Te acordás de aquel fiscal Eduardo Cazenave, que quiso investigar a los planilleros del Tribunal Electoral? Se lo cargaron, le buscaron la vuelta por otro caso y lo suspendieron. Igual que a Petta, el jefe de la Policía Caminera que multó a algunos parlamentarios. Si Giuzzio va a fondo y empieza a investigar los teléfonos de los diputados, a comprobar cruces de llamadas, puede ir despidiéndose de su cargo de fiscal. Póngale la firma, se van a animar. El único límite que entienden es el que le pone la gente. Y, en este país, la gente protesta poco y fugazmente.
Pero, cinco mil dólares es demasiado poco. Eso ya es falta de respeto hacia uno mismo. Es falta de autoestima, ¿no le parece, mi querido doctor?