Correo Semanal

Celebrando el genio de Mozart

Las melodías de Mozart son como delicados pétalos en la brisa y, al mismo tiempo, son simples y claras que a menudo podemos tararearlas de inmediato.

María Gloria Báez
Escritora

Han pasado más de 260 años desde que se compuso música excelsa. Música que puede inspirar tanto a niños como a expertos en música. Melodías que llevan el corazón más simple, así como el más sofisticado al éxtasis. No en vano se dice que Mozart recibió este talento como un don divino. Y, ¿no es realmente una inspiración maravillosa cuando se ha creado música tan consistentemente armoniosa, que parece tener una conexión desde la superficie hasta las más recónditas profundidades?

Las melodías de Mozart son como delicados pétalos en la brisa y, al mismo tiempo, son simples y claras que a menudo podemos tararearlas de inmediato. Quizás incluso tengan el poder de volver a sensibilizar nuestros sentidos, que a menudo han sido embotados por la ruidosa música de varios géneros musicales actuales. Después de esta música increíble, donde todos los idiomas se vuelven pobres, donde es mejor permanecer en silencio, decir algo sobre Mozart… ningún discurso ceremonial acompaña a esta música.

UN NIÑO PRODIGIO

Niño prodigio, genio, talento divino: difícilmente el historial de Mozart puede prescindir de los superlativos. Hoy Wolfgang Amadeus Mozart, es uno de los compositores más famosos y valorados de la historia mundial.

Sentó un nuevo precedente para la palabra “prodigio”: Escribió música a los seis años, la primera sinfonía compuesta a los nueve años, nombrado concertino asistente de la Corte Real de Salzburgo a los 17. Hace 265 años que Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, o simplemente Mozart, nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1756.

Nació en una familia de músicos y su padre Leopold, consumado violinista consciente de que su hijo, era un genio musical poco común, fue el principal responsable de sacar a relucir el genio musical. A una edad muy temprana lo llevó a varias giras europeas para actuar como niño prodigio, a menudo frente de la realeza. En ese momento se llamaba a sí mismo “Trazom” (Mozart leído al revés). Además de su música, le encantaban las matemáticas, el billar, los bombones y los chistes groseros.

Su madre Anna María y su hermana María Anna Nannerl a menudo lo llamaban Wolferl. Él mismo, añadió el nombre italiano “Amadeo” más tarde en su vida. Su infancia la pasó principalmente viajando por toda Europa, actuando y deslumbrando; los relatos históricos de las actuaciones de Mozart dicen que deja las mandíbulas de su audiencia colgando al ver su genio. Cuando tenía unos tres años, su padre lo encontró garabateando algo en el piso. Leopold le preguntó qué es lo que está escribiendo, y el inteligente joven genio respondió con (...) “¡un concierto!”. De hecho, fue un concierto legítimo que solo puede ser escrito por un músico consumado.

A la edad de cuatro años, Mozart había aprendido a tocar el clave. A la edad de cinco, tocaba el clavicémbalo y el violín tan bien como cualquier profesional. A los seis años había estudiado y admirado las obras de Bach, Haendel y Haydn. A los 12 años compuso su primera gran misa: Missa Brevis en sol mayor; escribió su primera ópera, Mitrídates, rey de Ponto en 1770 cuando solo tenía 14 años. A esa edad también presenta al mundo una de las piezas de música coral más sublimes jamás escritas: El Miserere del sacerdote italiano Gregorio Allegri (circa 1582-ibídem, 17 de febrero de 1652), compuesto probablemente durante la década de 1630 para uso en la Capilla Sixtina del Vaticano durante la Semana Santa.

El Vaticano quería preservar la reputación de misterio e inaccesibilidad de la música, por lo que su transcripción estaba prohibida y se ejecutaba solo en esos servicios en particular. Escribirlo o realizarlo en otro lugar se castigaba con la excomunión. Mozart, visitó el Vaticano con su padre y después de escuchar el Miserere tan sólo una vez, regresó a su alojamiento y transcribió la composición a cinco voces a la perfección. Durante uno de sus viajes, conoció al historiador británico Dr. Charles Burney, quien obtuvo la pieza y la llevó a Londres, donde se publicó en 1771. Posteriormente, Mozart fue convocado a Roma, pero en lugar de excomulgar al niño, el Papa lo llenó de elogios por su genial proeza musical levantando la prohibición.

A los 17 años, ya fue nombrado concertino asistente del arzobispo a quien despreciaba por tratarlo como a un humilde servidor. A los 21 años viajó por las ciudades culturales importantes europeas, aceptando encargos de composiciones y tocando en conciertos. La relación con el arzobispo Hieronymus Graf Colloredo, quien asume como Príncipe-Arzobispo de la ciudad de Salzburgo a partir de 1772, rápidamente comenzó a complicarse. Mozart sufrió cada vez más por la estrechez y severidad de las regulaciones episcopales, lo que provocó una ruptura y su destitución. Se trasladó a Viena, la metrópolis musical europea. El emperador José II le encargó que compusiera óperas; por lo tanto, inicia su carrera como uno de los principales compositores de Viena. Los años de Mozart en esta ciudad, se convirtieron en su período creativo más importante. En los diez años restantes hasta su muerte, creó aquí casi la mitad de toda su obra.

MITOS Y VERDADES

A pesar de todas las deudas y depresiones que caracterizaron sus últimos años en Viena, Mozart creó algunas de sus obras más bellas y aún más famosas durante este tiempo, como el singspiel El rapto en el serrallo (1782), un encargo del emperador, así como Las bodas de Fígaro (1786), Don Giovanni (1787), Cosi van tutte (1790) o su última ópera La flauta mágica (1791).

Además, escribió numerosos conciertos para piano, la mayoría de los cuales interpretó él mismo, la Gran Misa en Do menor (1783) y otras numerosas obras instrumentales: sinfonías, conciertos, cuartetos, quintetos y serenatas, etc.

En noviembre de 1791, Mozart cayó gravemente enfermo. Trabajó febrilmente en un Réquiem, por el que había recibido un encargo anónimo en julio de ese año. Sin embargo, no pudo terminar el trabajo que fue completado por su ex alumno Franz Xaver Süssmeier. Mozart murió el 5 de diciembre de 1791 a la edad de solo 35 años. La causa exacta de la muerte no se pudo aclarar hasta el día de hoy.

Fue enterrado en una tumba comunitaria en el Sankt Marxer Friedhof, adecuada a su condición de músico. El hecho de que ninguno de sus familiares y amigos lo acompañara a su lugar de descanso final no fue, como dice la leyenda, el mal tiempo, sino simplemente inusual en ese momento, ya que habría sido una caminata de cuatro kilómetros hasta el cementerio.

Que la tumba ya no pudiera identificarse con precisión más tarde se debió a que éstas tumbas comunitarias no estaban marcadas con nombres o cruces. En los días que siguieron, sus admiradores honraron a Mozart con celebraciones y conciertos en Viena, Praga, Kassel y Berlín. Solamente en Salzburgo, nada. Allí no se le perdonó por ir a Viena. En su ciudad natal, su muerte pasó desapercibida públicamente, excepto por un mensaje de once líneas cinco días después.

La vida de Mozart, desde el niño prodigio celebrado en toda Europa hasta el hombre enterrado en una tumba pobre sin lápida a la edad de treinta y cinco años, han sido descritas en más de 13.600 libros y artículos a lo largo de 150 años de investigación. Hay mitos y hay verdades, y los primeros suelen ser más entretenidos que los segundos. En el caso de Mozart, tenemos la gloriosa verdad de su música que continúa resonando fuertemente con nosotros.







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