En su homilía, el purpurado destacó la coincidencia de esta Cuaresma con un tiempo electoral propicio ‘‘para revisarnos como seguidores de Cristo la conducta como ciudadanos, cuando tengamos que decidir con nuestra participación y con nuestros votos la elección del país que queremos y necesitamos’’.
Afirmó que no se puede seguir tolerando la corrupción, la impunidad ni permanecer pasivos e indiferentes ante el avance del crimen organizado que pone en riesgo las instituciones de la democracia y la estabilidad de la República.
‘‘Si queremos un Estado y un gobierno serio, nuestro voto debe ser serio. No podemos confiar en los que compran votos; tampoco podemos confiar en los que venden sus votos. Eso es corrupción, y la corrupción es un pecado grave porque atenta contra la dignidad del prójimo y de la comunidad’’, advirtió.
El metropolita sostuvo que entre los fieles católicos, hay quienes acompañan las acciones de políticos ‘‘inescrupulosos que impiden votar y elegir libremente, presionando o manipulando a las personas’’. La Patria soñada, según el Cardenal, necesita de ciudadanos honestos, íntegros, solidarios, insobornables, con un gran sentido de comunidad y un proyecto país que se fundamente en la dignidad de la persona humana y en el bien común.