Por Rebeca González Garcete | rebecagonzalezg@gmail.com
¿A quién no le gusta ganar dinero rápido y fácil? Pero no es realmente sencillo, requiere una mente ingeniosa, un talento único y sentido de oportunidad. Esa es la fascinación que atrae del personaje que, a pesar de todo, no se hace querer.
A no esperar una fábula con moraleja. Belfort (excelente DiCaprio) actúa movido por su ambición, no muestra arrepentimiento ni en su estrepitosa caída; su adicción al dinero es excesiva y no importa quiénes son los incautos que caen bajo su hechizo. Todo vale para llegar a su objetivo de ganar mucho dinero, tanto, que no sabía ya qué hacer con él. Y atrae, claro está, a otros cientos de reclutas que desean lo mismo.
En la descripción de esos excesos, el filme de Scorsese se regodea también en demasía. Pero nadie se cansa de ver orgías, ¿o sí? Es tal vez un retrato necesario para una época que realmente existió. ¿Seguirá así? Quién sabe.
“El lobo de Wall Street” no será la mejor obra de Scorsese (aunque tiene su calidad de siempre), pero cuenta con secuencias excepcionalmente logradas por su timing cómico, entre las que se destaca la parte en que Donnie Azzoff (genial Jonah Hill), para aliviar una noticia difícil, invita a Belfort a probar una droga en reserva (lo que sería en comparación un whisky de 25 años)... lo que pasa en ese lapso es de antología. Hay otros momentos divertidos que hacen que valga la pena sumarse a la bacanal también sin remordimientos.