En homenaje al inmenso cariño que le guardo al Pueblo paraguayo, deseo hacer algunas aclaraciones acerca de mi carta remitida a los socios de la ARP (Regional San Pedro) y publicada en dos partes en el diario Última Hora. Asimismo, respecto de la última publicación en dicho medio en que guarda relación con mi supuesta participación en un episodio penal sucedido en Chile, mi país de origen.
Para ilustrarles mejor, quiero que entiendan que yo viví una circunstancia muy particular siendo muy joven. Presencié asaltos a la propiedad privada por hordas sedientas de sangre.
Los secuestros y asesinatos se sucedían diariamente. Entre tanto, el Gobierno confiscaba las tierras y nos sacaban con violencia de nuestros establecimientos forjados en años de trabajo. Mi familia padeció esta iniquidad. Desesperados escapamos de aquel infierno y encontramos refugio en esta tierra bendita. Una vez restablecido el estado de derecho en mi país, la mayoría regresó. Pero el resto de los chilenos abrazamos el Paraguay como nuestra Patria nueva.
Rehice mi vida y hoy tengo esposa, hijos y nietos paraguayos, por quienes daré la vida si es preciso. Pero de pronto todo cambió en el Paraguay. Los mismos mensajes que escuché en Chile, comencé a escuchar aquí. Seguidamente, las palabras se tradujeron en hechos: Invasiones, secuestros y asesinatos.
La incertidumbre que viví en mi país de origen, se volvía a repetir como si se tratara de una película de terror llevada de nuevo a la pantalla. Ese libreto calcado de lucha de clases, ahora amenaza a mi familia y a todos los paraguayos de bien que constituyen la inmensa mayoría, y esto no deseo para el Pueblo que nos cobijó a tantos chilenos.
Mi amor al Paraguay me decía que algo debía hacer en lugar de quedarme cruzado de brazos para observar impasiblemente la pesadilla como si fuera un convidado de piedra.
Quizá mi circunstancia me arrebató y en un momento de indignación por los últimos sucesos insté a mis colegas a defenderse. Es posible que en ese momento no midiera mejor mis palabras, pues se trataba de una simple carta dirigida a terceros, amigos míos todos ellos. La misiva estaba destinada exclusivamente a ellos y no a la opinión pública.
Lo hice para abrir un debate entre los ganaderos de San Pedro, para que sus destinatarios me expresaran su opinión y no para llevar precisamente mi plan a tambor batiente. Si uno de ellos traicionó mi confianza, eso escapa a mi voluntad. Puedo pedir al diario Última Hora un Hábeas Data para descubrir a esa persona, pero no lo hago en homenaje a la libertad de proteger la fuente de la información. De manera que sabrán comprender que este intercambio de opiniones debía ser con mis colegas y no con otros.
Sin embargo, ya que este enojoso tema ha salido a la luz pública, hago algunas rectificaciones. En homenaje a la Constitución Nacional, a las leyes y por sobre todo, a los ciento de miles de cintas blancas desplegadas a lo largo y ancho del país que abogan por paz y tranquilidad en el Paraguay, recomiendo a mis colegas de San Pedro a defenderse con las armas que tengan a su alcance desde el mismo momento que sean invadidos y corran peligro sus vidas y las de sus familiares, lo cual se ajusta a derecho. Con la corrección introducida mi propuesta anterior queda cancelada y la sustituye la expresada precedentemente.
Yo no tengo campo propio, sino alquilo o hago sociedad con amigos. La mayoría de nosotros no contamos con los recursos suficientes para solventar a guardias privados, de manera que debemos defender nuestro ganado, nuestras vidas y la de nuestro personal a cuerpo gentil.
Con relación a la publicación que me sindica como prófugo de la Justicia chilena les sugiero que vayan a la Policía Nacional y se informen mejor antes de hacer comentarios tendenciosos. Desde hace años voy y vengo de Chile. Entro y salgo, sin que nadie me moleste, lo cual refuta toda especulación. Mi familia tiene empresas en Chile, de la cual soy accionista, y puedo demostrarlo fehacientemente. Si no desean recurrir a la Policía acerca de mis viajes realizados, pueden recurrir a las listas de LAP- LAPSA y TAM.
En respuesta al senador Alfredo Jaeggli, el problema de mi mano fue cuando era estudiante en el colegio San Ignacio de Loyola, Santiago de Chile, jugando con petardos y no por bomba al señor Allende, a quien no conocí.
Finalmente, espero que las autoridades encargadas de salvaguardar nuestros bienes y nuestras vidas cumplan con la Constitución Nacional y las leyes, y restablezcan la tan ansiada paz social en mi querido país, la República del Paraguay. Con estas aclaraciones pongo punto final a este tema. En adelante no haré ninguna otra aclaración, salvo que se trate de cosas bien distintas que tengan que ver con la actividad pecuaria o el juego de polo del que soy aficionado. Con ruego de publicación en este medio, adjunto aparte a esta, mi currículo en el Paraguay. Aprovecho esta ocasión para saludarle con mi mejor consideración.
R. Eduardo Avilés L.
CI Nº 585.753
PRENSA DE LA ARP ACLARA
Señor Director: En un editorial anterior y en las afirmaciones de un columnista de la edición de hoy jueves 29, Última Hora insiste en presentar a la Asociación Rural del Paraguay (ARP) como una entidad que muestra desde indiferencia hasta complacencia hacia la propuesta de utilizar la violencia para la solución de conflictos, entre ellos, el secuestro de Fidel Zavala.
La ARP es una entidad conformada por ciudadanos que libremente se han asociado en pro de la legítima defensa de sus intereses gremiales. Ello no obliga la adscripción a una opinión única u oficial en el tratamiento de los asuntos que le son propios. Mucho menos, podría imponerse un criterio también único sobre acontecimientos del dominio público. En otras palabras: cada quien expresa libremente sus opiniones y tendencias.
La posición oficial de la directiva actual de la ARP sobre las expresiones del señor Eduardo Avilés -a quien equivocadamente se presenta como “dirigente de la ARP"- ha quedado plasmada en el comunicado que se publica hoy en la página 9 de Última Hora. A quienes critican su demora en hacer conocer esa posición, debemos expresar que la ARP es un organismo complejo, con diversos niveles de representatividad, que toma con seriedad sus pronunciamientos sobre temas gravitantes de la realidad nacional y que cuida no devaluar la eficacia de cada documento en el que la ARP sienta su posición.
Instar a la formación de comandos de exterminio o abrir interrogantes sin respuesta sobre qué hacer ante supuestas o reales falencias de los organismos públicos de seguridad son dichos u acciones que corren por cuenta de quienes los expresen o realicen.
La posición oficial de la ARP no es otra que la contenida en el comunicado ya hecho público y cuya lectura contribuirá a despejar cualquier duda existente.
Agradeciendo desde ya su gentil atención, me despido de usted con mi más alta consideración.
Cristian Nielsen
Oficina de Prensa ARP