Elías Wladimir Orrego Báez, un reconocido artesano de la localidad de Tobatí (Cordillera), talló en una semana la imagen de la carmelita paraguaya sobre un trozo de madera.
Lo hizo –dice– empujado por toda la efervescencia de la beatificación de María Felicia de Jesús Sacramentado, más conocida como Chiquitunga.
Y la quiere ofrendar a la iglesia. Desde un primer momento pretendió retratar la alegría de la venerable y “creo que lo logré”, cuenta sobre los cumplidos que ya recibió de conocidos y allegados. “El rostro, la expresividad que tiene, esa alegría que contagia.
Traté de enfocarme en eso y plasmar, lo cual parece que se dio. A mí me dicen que se le parece”, señala sin dejar de mencionar que no es fácil extraer de un pedazo de madera emociones humanas.
La obra, hecha en madera de cedro, mide 50 cm de altura y se encuentra encerada al natural. “Se puede pintar”, dice Elías, pero a él le resulta más atractivo así, al natural.
fervor. Refiere que fue su madre quien le había acercado un libro sobre la vida de quien ya es la primera beata del Paraguay. La lectura de su historia la dejó por el camino, pero con todo el ruido que genera su ascensión a los altares santos tomó de nuevo el material y de ahí le vino la inspiración para tallar la escultura.
“Mi mamá me había dado el libro de Chiquitunga, donde están algunas cartas que le envió a Ángel Sauá.
Lo había leído, pero así de a poco leía cada vez que podía. Hasta que, últimamente, con toda la promoción que había (de la beatificación) volví a releer.
Estuve también en la misa de las carmelitas acá en Caacupé, escuché su historia y eso me llevó a hacer el tallado”, relata.
El artesano comenta que uno de los aspectos de la vida de María Felicia que más le cautivó fue su entrega tanto en su vida laica como cuando era novicia en el Carmelo.
“Me impresionó que su padre (Ramón Guggiari) estuvo en el exilio como dos veces. Y ella era dirigente estudiantil, siempre muy comprometida con los jóvenes. Entregó, primero, su vida en la forma social y luego también a Dios, en el claustro.
Es una gracia de Dios que tengamos a una futura santa”, reflexiona.Ofrenda. Tienen la intención de donar la imagen tallada, aunque no se contactaron aún con los responsables de la comisión organizadora de la beatificación.
Una escultura como la que hizo, a la venta al público, costaría alrededor de G. 2.000.000, según calcula.“Queremos llevar con mi señora, ella está esperando bebé.
Le dijeron que era para el 22 o 23 (de junio), y si no nace todavía, por lo menos vamos a estar por ahí”, expresa respecto a que tienen previsto ir el sábado próximo al estadio de Cerro Porteño para presenciar la celebración religiosa.La idea es ofrendar en la misa, aunque de igual forma acercarán la donación en la misa de Caacupé, que les queda más cerca.Van a tener una niña, pero no se llamará María Felicia, sino Regina
Guadalupe.Herencia. Elías heredó la técnica del tallado de su madre: aprendió de niño, cuando tenía apenas seis años y veía cómo su mamá pintaba las maderas y él le ayudaba a esculpirlas. Hoy tiene 38 años y no es la primera imagen sacra que talla.
Le pediría a la flamante beata –dice– que bendiga a la sociedad paraguaya, en especial, a los artesanos. “Que Chiquitunga interceda por todos los compatriotas que tanto sufren. Por ejemplo, nosotros, los artesanos y que el Gobierno nos brinde a través del Instituto Paraguayo de Artesanía una ayuda que nunca llega a los artesanos; más bien se queda en gastos rígidos”, apunta.
El rostro, la expresividad que tiene, esa alegría que contagia. Traté de enfocarme en eso y plasmar, lo cual parece que se dio.
Que Chiquitunga interceda por los compatriotas que tanto sufren. Por ejemplo, nosotros, los artesanos. Elías Orrego,artesano.