Los unen la pasión por la música y también el amor, por eso estos tres matrimonios de artistas decidieron compartir su vida dentro y fuera de los escenarios. Hoy, en el Día de los Enamorados, hablan de la maravillosa oportunidad de compartir la profesión con su ser amado.
Eduardo Velázquez y Myriam Flores se conocieron gracias al hermano de Myriam, también cantante. “En broma le decía ‘te voy a presentar a mi hermana, que tiene 15 años’”, rememora.
Coincidieron en un cumpleaños y cantaron juntos unas canciones; él le pidió que le copiara la letra de Si las flores pudieran hablar, y se hicieron amigos. “Un día nos encontramos en una plaza de casualidad, y le digo si quería ser mi novia”, cuenta él.
Myriam tardó 15 días en responder hasta que el 29 de mayo de 1972 lo aceptó. “Hasta hoy nosotros nos felicitamos los 29 de cada mes, porque cumplimos un mes más de estar juntos”, cuentan.
Se casaron el 5 de febrero de 1976, y si bien en principio estaban en grupos diferentes, después, con ayuda de Óscar Barreto Aguayo, iniciaron el dúo Myriam y Eduardo, que continúa hasta hoy.
En cuatro años de noviazgo y 38 de matrimonio, Myriam y Eduardo tuvieron altibajos, pero, según sus propias palabras, “Dios nos iluminó siempre con sabiduría, para conducirnos”.
Los celos estuvieron presentes en algunas actuaciones, pero siempre se solucionaron. “Recuerdo que una vez las bailarinas divinas me pusieron pestañas postizas y en el escenario cierro los ojos, se me pegan las pestañas y me quedo con un ojo cerrado; y un señor se pasó guiñándome los ojos, pensando que yo le guiñaba a él. Al bajar del escenario, vino el mozo con una esquela en la que ese señor me invitaba a tomar champaña. Entonces, le mostré la nota a Edu y me respondió ‘vamos’, y ya frente al señor le dijo ‘me contó mi esposa que usted nos invitó a tomar una copa’. El caballero no sabía qué hacer”, recuerdan.
“Dios me dio un hombre maravilloso, que todavía me dice que me ama y llega de la calle siempre con un caramelo, un chicle, una tarjetita y creo que esos detalles van fortaleciendo el amor, y más ahora con lo de mi enfermedad”, dice emocionada.
Melody Band. El amor de Carlos Báez y Valencia Garcete es de película. Se conocieron en una kermés que el colegio de ella organizaba, y en la que él actuaba. “Yo estaba en la entrada, todos pedían por la orquesta y cuando llegó Carlos le pedí su entrada y me dijo ‘yo soy Carlos Báez, de Los Aftermad’s’, ofendido porque no lo reconocí”, cuenta ella.
El cantante luego preguntó por Valen, no por la confusión inicial, sino porque “era y sigue siendo insoportablemente bella, y porque fue amor a primera vista”, recuerda él.
Luego, bailaron y Valen le preguntó –a pedido de sus compañeros– "'¿y qué pasa si no les pagamos?’, porque había poca gente. Entonces, Carlos mandó parar la música enseguida”, rememoran.
en bandas rivales. De ahí en más, él la llamaba, la visitaba al colegio, a pesar de los constantes viajes del grupo de Carlos. “Ya salíamos, yo cantaba en los festivales con unas amigas y en una ocasión me invitaron a formar parte de Los Topos y acepté. Fue durante uno de los viajes de Carlos. Ya con Los Topos me escucharon los de Shamba Show, y Lobo (Martínez) me invitó a unirme y lo aproveché”, recuerda la artista. Carlos volvió de viaje y encontró a su amada en Shamba Show, grupo que competía de cerca con Los Aftermad’s. Luego, Valencia pasó a Los Tommys Super Star, otra banda “rival"; pero el amor pudo más.
Fueron novios 6 años y ya casados –este año cumplen 34 años de matrimonio– ambos dejaron todo hace unas décadas y fueron en busca de sus sueños a Estados Unidos, donde triunfaron, pero regresaron para concebir a sus hijos en Paraguay.
Desde el 2005 están al frente de la Melody Band, donde por fin comparten escenario.
atraídos por el talento. A Víctor Hugo Echeverría y Zunilda Ramos los unió primero la pasión por la música, y luego nació un amor, que ya tiene 17 años, al igual que Americanta, el grupo que conformaron juntos, y al que hace algunos años se sumó su primer hijo, el talentoso acordeonista Vichito (8).
“Me atrajo su talento, fue lo primero que me llamó la atención, el resto llegó después”, cuenta él y ella coincide. “Él siempre fue un excelente músico, y eso me conquistó. Nos enamoró el talento del otro”, sostienen.
La relación se volvió un poco difícil, por la monotonía. “Nosotros viajamos a Europa y estábamos todo el tiempo juntos, durante 8 meses. Llegó un momento que no teníamos nada que contarnos”, dice. Pero superaron la dificultad, se casaron hace 9 años y hoy son inseparables. “Somos muy familieros y disfrutamos estar juntos, ya con nuestros hijos Vichito y Victoria”, dice Víctor Hugo. El secreto para seguir juntos es el compañerismo. “Yo siempre digo, no para que me envidien ni por soberbia, pero yo tengo el príncipe azul que muchas mujeres buscan, mi marido es un chef espectacular, me mima mucho y es muy atento”, cuenta ella. Como todos los años, Zuni va a retribuir el cariño de su esposo con un rico desayuno y un postre, su especialidad.