Correo Semanal

Albert Camus y Jean-Paul Sartre, una disputa épica

En vida y muerte, Sartre y Camus parecen estar inextricablemente unidos. A 60 años de la muerte de Camus (1960) y 40 de Sartre (1980), recordamos su famosa amistad y la enemistad ideológica que finalmente la deshizo.

María Gloria Báez
Escritora

El existencialismo de Sartre se diseñó primero como una filosofía de libertad y responsabilidad. Camus ciertamente no niega el comprometerse, pero rechaza la etiqueta de “existencialista” e incluso la de filósofo.

Ambos escritores, dramaturgos y ensayistas, críticos de literatura y teatro, filósofos y editores en jefe de periódicos de izquierda. Ambos fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura. No obstante, muchos factores los separaban. Camus provenía de una familia francesa pobre de Argelia y asistió a escuelas locales. Sartre provenía de la vieja burguesía francesa y asistió a la elitista École Normale Supérieure. Provenían de mundos distintos. Camus a veces parecía conceptualmente incierto y se sentía más a gusto en la ficción que Sartre, quien escalaba con confianza las alturas filosóficas. Recordemos que, en 1943, Sartre publicó un tomo que abordaba nada menos que Ser y nada. Incluso en su punto más cercano, pueden haber estado en caminos políticos divergentes: Camus se alejó del radicalismo político ortodoxo y Sartre avanzó hacia él.

Los dos escritores se conocieron personalmente en el París ocupado durante el verano de 1943. Camus se presentó con motivo del estreno de la obra de teatro de Sartre, Las moscas (1943). Pero pronto surgieron rivalidades, mucho antes de que el público conociera cualquier competencia intelectual.

En 1944, Camus se convirtió en editor en jefe del periódico clandestino Combat; su reputación como periodista en la Resistencia francesa lo ayudó a ganar fama y reconocimiento. Cuando Sartre viajó a los Estados Unidos en 1945 y habló sobre la nueva literatura en Francia, la presentó como el resultado del movimiento de resistencia y la guerra, y destacó que (...) “su mejor representante es Albert Camus, de 30 años”.

LITERATURA COMPROMETIDA

Sartre, quien fundó la revista Tiempos modernos (1945), trató de incorporar a Camus a fin de promover la noción de escritura socialmente responsable, o de literatura comprometida. Camus rechaza la oferta de un lugar en el consejo editorial, lo cual se explica por el hecho de que para entonces era editor en jefe de Combat. Sin embargo, está muy claro que Camus no compartía los valores que Tiempos modernos buscaba promover. En enero de 1946, declaró públicamente su absoluto desacuerdo en el número inaugural de la revista, acerca de las ideas expresadas en el “manifiesto” de Sartre, calificando el mismo de “inaceptable”. Aproximadamente un año después de la publicación del manifiesto, Camus observó en sus cuadernos: “Prefiero hombres comprometidos a literatura de compromiso (...) Me gustaría verlos menos comprometidos en sus trabajos y un poco más en su vida cotidiana”.

De hecho, a pesar de su indudable, aunque limitada amistad, sus diferencias políticas y filosóficas fueron fundamentales. Estas diferencias, que inicialmente se referían a sus respectivas ontologías (ilustradas por sus diferentes versiones del absurdo), luego se centraron en el carácter claramente diferente de sus compromisos políticos.

A partir de 1947, los desacuerdos políticos entre Sartre y Camus se profundizan. Camus denunció la violencia criminal de Stalin. En su novela, La peste (1947), Camus defiende su propia posición y refiriéndose a unas expresiones de Sartre expresa: “Me dijeron que estas pocas muertes eran inevitables para la construcción de un nuevo mundo en el que el asesinato dejaría de existir. Eso fue cierto hasta cierto punto, y tal vez no soy capaz de permanecer firme en lo que respecta a ese orden de verdades”.

Su obra maestra, El hombre rebelde (1951), condena explícitamente el leninismo-estalinismo y denuncia enfáticamente la violencia desenfrenada como un medio de liberación humana. Con este libro, Camus se convirtió en un defensor abierto de la libertad individual y un crítico apasionado de la tiranía y el terrorismo, ya sea practicada por la izquierda o por la derecha. Desafió los postulados izquierdistas convencionales sobre la violencia revolucionaria. Al presentar este mensaje, Camus buscó no tanto criticar el estalinismo como a sus apologistas.

LA AMISTAD ROTA

Después de la publicación del libro, el equipo editorial de Tiempos modernos, tuvo una larga discusión sobre cómo proceder. La obra no cayó bien, pero resultaba imposible no realizar o pasar por alto una revisión crítica del libro. Finalmente, Sartre asigna a Francis Jeanson el trabajo. “Será el más duro”, dijo, “pero al menos será cortés”. En 1952, Tiempos modernos publica una crítica sobre esta obra, a la cual considera reaccionaria y llena de juicios erróneos. Con una extensión de veintiún páginas, Jeanson estuvo lejos de ser cortés.

El número de agosto de 1952, publicó la réplica de Camus a la revisión de Jeanson (diecisiete páginas). Camus dirige la réplica directamente a Monsieur le Directeur: “Tomaré como pretexto el artículo que, bajo un título irónico, su revista me ha dedicado a presentar a sus lectores algunas observaciones sobre el método intelectual y la actitud demostrada por este artículo”. En su refutación, pregunta qué posición pretendían tomar sus adversarios sobre el comunismo soviético y los crímenes de Stalin.

Como era de esperar, Sartre estaba enfurecido por la suposición implícita en la carta de Camus de que las opiniones de Jeanson también eran suyas (tan justificadamente molesto como lo estaba; nada en su carta sugiere que no estaba completamente de acuerdo con los argumentos de Jeanson). Su respuesta, también publicada, fue despiadada. Ya en la primera oración rompe todos los lazos diciendo que la amistad entre ambos no fue nada fácil, no obstante, la iría a echar de menos. La crueldad que sigue, refiere a incompetencia filosófica arremetiendo luego: “Al menos tengo esto en común con Hegel: No nos has leído a ninguno de nosotros”. Sartre fue implacable; no obstante, había objeciones legítimas en su réplica, pero también había acusaciones y formulaciones que sabía irían a lastimar y mucho, a Camus. Dos réplicas dirigidas a Camus registraron veinte (Sartre) y treinta (Jeanson) páginas respectivamente, agotándose ese número dos veces. Lo que siguió fue una disolución trágica de lo que había sido una amistad.

En 1957, Camus fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En la conferencia de prensa contesta a la pregunta sobre su relación con Sartre diciendo que “las relaciones son excelentes, señor, porque las mejores relaciones son aquellas en las que no nos vemos”. Siete años después, en 1964, Sartre es galardonado con el mismo premio. Rechazó la premiación dejando en claro que el motivo no era “porque Camus lo había recibido antes que yo”.

En enero de 1960, Camus murió inesperadamente en un accidente automovilístico a los 46 años. Sartre escribió un sincero homenaje a su antiguo amigo: “A través de sus rechazos obstinados reafirmó en el corazón de nuestra época, contra los maquiavélicos y contra el ídolo del realismo, la existencia de la cuestión moral”.

Quince años después, en una entrevista para Tiempos modernos, preguntan una vez más a Sartre sobre su relación con Camus, a lo que respondió: “Camus fue probablemente mi último buen amigo”.




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