11 jul 2026

Abogado revela en una carta fuertes momentos en el caso de violación

Entre la noche del lunes 12 y madrugada del martes 13 de noviembre del 2012, los padres de una adolescente de 15 años supieron que la hija había sido violada. El caso, bautizado por los medios como “del Centenario” por haber ocurrido en este club de la alta sociedad asuncena, durante una fiesta de quince años, es desmenuzado en sus detalles en una carta por uno de los abogados de la querella que abrió la familia de la víctima, José Ignacio González Macchi, buscando contrarrestar la idea de que lo ocurrido no es más que una fantasía de la adolescente que, según el abogado, trata de instalar la defensa de los imputados.

Teresa Sosa,  fiscala del caso

Teresa Sosa, fiscala del caso

La carta revela intimidades como el momento en que el padre, la noche de aquel lunes, alarmado por el cambio de actitud de la hija, que fue advertido por la madre más tempranamente, habló con ella. “Hija, no sé lo que te pasa, pero es evidente que te pasa algo, y resulta claro que fracasé como padre, que estoy fallando como padre, porque no tenés la confianza como para decirme lo que te pasa. Quiero que sepas que estamos contigo, que queremos verte bien y que no nos cansaremos de tratar de sacarte de esta situación, porque no te merecés estar así”, cita González Macchi.

Dice que el padre se retiró de la habitación de la hija y se fue a la sala, donde permaneció sentado, sin saber qué hacer. “(...) Momento en que su hija llega hasta él, le abraza y le pide volver a la pieza. Haciéndolo, cierran la puerta y allí ella, llorando, le dice: ‘Él me violó’”.

Luego, entre el llanto de la madre, la desazón, el no saber qué hacer y la ira, los padres amanecieron yendo y viniendo entre la cama y la cocina.

“Al día siguiente, (martes 13), muy temprano la madre se levanta, va hasta la habitación de la hija, quien estaba despierta, con ojeras, temblando de frío (siendo noviembre), la abraza, lloran juntas, y la hija le dice: ‘Me quiero bañar’. La madre asiente, la acompaña al baño y la hija le pide que la desvista, la madre se da cuenta de que la niña no tenía fuerzas ni para quitarse la ropa interior, no tenía fuerzas ni para abrir la llave del agua. La ayuda a entrar, y la niña le toma de la mano a la madre, y llorando ambas bajo la ducha, le cuenta lo que le pasó”, describe el abogado el momento desgarrador.

la investigación. Los padres se dividieron las tareas; buscar asesoramiento jurídico y llevar a la niña a la ginecóloga. La convicción de la profesional médica fue fulminante, apunta González Macchi: “La niña había perdido la virginidad”. La médica le dijo a la madre que debían verla médicos forenses.

A partir de ahí, el padre hace una denuncia verbal en el Ministerio Público para que la inspección ya sea realizada en el marco de una investigación, refiere la carta. La inspección médica se pudo realizar el miércoles 14 de noviembre, con anuencia de una siquiatra, ya que la víctima, a esas alturas, ya se encontraba en estado de shock.

“Las conclusiones son las conocidas. No sólo la existencia del desgarro del himen (aunque parcial, suficiente para entender que la víctima perdió su virginidad); sino también de excoriaciones en la zona anal”. Este dictamen está avalado por cuatro médicos, “quienes a su tiempo y en forma independiente y voluntariamente, volvieron a ratificar lo observado y dictaminado, con sus declaraciones en la fiscalía”. Y fue luego de esta primera inspección y de lo que explicaron las médicas del Ministerio Publico, que el padre toma “la decisión irrevocable de DENUNCIAR por escrito al autor del hecho, con nombre y apellido”, dice González Macchi.

El resto. A partir de ahí, el caso saltó a los medios de prensa y tomó estado público, convirtiéndose en uno de los casos más emblemáticos que actualmente ocupan a la Justicia paraguaya, tanto por las edades como por el estatus de los involucrados, la víctima y los cuatro imputados.