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A 40 metros del suelo, el paisaje y arte desde el mirador de la Basílica

Allá en lo alto, donde se elevan las oraciones y las palomas hacia el cielo de diciembre. Allá mismo, en la cumbre de la Basílica de Caacupé, espera al peregrinante un paisaje que le hará olvidar el cansancio del viaje. En el mirador ubicado en la cumbre del templo de la Virgen, los visitantes además de la vista podrán apreciar en el ascenso la historia contada a través del arte en los murales.

Ascenso. Subiendo cada uno de los 160 escalones que llevan hasta la cima de los 40 metros, punto máximo del mirador, el bullicio de la calle que se mezcla con los murmullos de los rezos en la parte baja de la Basílica, va apagándose. En un primer tramo luego de abonar los G. 2.000 por la entrada, el ascenso se inicia por una estrecha escalera en caracol.

Más adelante los turistas empezarán a encontrarse con los murales que cuentan la historia de la Virgen y otras de la zona y que han sido realizados por el artista Saturnino Sotelo hace 14 años.

Estas imágenes, acompañadas con textos que las explican, se irán sucediendo en los siguientes tramos. Cinco metros antes de llegar a la cima y en caso de estar habilitada la entrada, se podrá llegar al mirador interno de la Basílica, desde el cual se apreciará el altar definitivo de la Virgencita. Luego, 20 escalones más arriba se llegará hasta la puerta que lleva al mismo mirador, donde la fresca brisa, la vista del paisaje verde y los cerros Cristo Rey, San Rafael (o Cabañas) y Tte. Aquino de donde se extrajeron las piedras para los cimientos del templo, recompensarán el jadeante esfuerzo de llegar hasta ahí.

Multitud. Juan Maldonado, uno de los servidores encargados de la seguridad en el mirador, comenta que un fin de semana normal, alrededor de 1.500 personas suben los 40 metros. Esta cantidad se multiplica varias veces en los días cercanos y el 8 de diciembre. La mayor cantidad de personas llega luego de la primera misa de cada mañana del novenario. “Muchas personas se enteran de la historia de la Virgen al venir acá. Hay otras que ni siquiera sabían que teníamos este mirador”, señala el joven servidor.

En general, hay un respeto hacia el lugar. Sin embargo, debajo de algunas de las pinturas y en los bordes de la terraza de la Basílica, muchos eligieron dejar testimonio de su paso por el lugar escribiendo en esos sitios. Esta es una actitud que Maldonado lamenta de los visitantes. Más aún lo siente cuando los propios turistas extranjeros le comentan ese hecho.

En cuanto al orden del lugar, comenta que han establecido un sistema de vigilancia con la Policía Nacional vía radio. Aunque no existe un tiempo límite para estar en el sitio, se ha establecido un promedio de 30 minutos para evitar las aglomeraciones.

La limitación en el ascenso está para los adultos mayores y los discapacitados. “Hay proyecto para tener un ascensor”, revela Maldonado, adelantando así una buena noticia para que todos sin distinción disfruten de la magnífica vista.

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