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Opinión
domingo 28 de mayo de 2017, 01:00

Urbanización caótica

Guido Rodríguez Alcalá

Lo que deben hacer los asuncenos es comprarse championes y acostumbrarse a caminar, porque van a ir más rápido. Esto fue lo que manifestó un técnico israelí que estudió el tránsito de Asunción y tenía razón.

A ciertas horas, caminando se puede ir más rápido que los autos por la calle Chaco Boreal, que no es el único embotellamiento. Por la noche, frente a la Facultad de Derecho, los autos van a paso de tortuga por la calle República de Colombia. La construcción de tres torres, las del complejo Jade Park, no va a mejorar el tránsito para nada.

La Municipalidad de Asunción y la constructora del Jade proponen una solución cuestionada: la empresa propietaria del Jade cede terreno (600 metros cuadrados) sobre la calle República de Colombia a la Municipalidad; la Municipalidad cede a la empresa 900 metros del Parque Pavetti, para que la empresa haga su calle privada.

La solución no corre porque: 1) el terreno cedido por la empresa es el terreno municipal ocupado indebidamente por un propietario anterior; y 2) el Parque Pavetti (área protegida, bien público) no se puede ceder ni enajenar.

Por eso los vecinos de Trinidad piden la suspensión de las obras del Jade, iniciadas con una cesión ilegal; por otra parte, sin Pavetti je’u no hay Jade.

Los vecinos tienen razón, pero no sé si les van a dar la razón y esto me preocupa. Como ellos, como la inmensa mayoría de los asuncenos, soy una víctima de la urbanización caótica, un mal que se agravó durante el gobierno municipal de Samaniego, y aún no se ha controlado.

Se benefició la Municipalidad, que cobra más impuestos autorizando construcciones inaceptables; se beneficiaron los especuladores; se perjudicaron los asuncenos con ese crecimiento de la ciudad guiado por un criterio netamente mercantilista.

La urbanización caótica es el problema común de los países no desarrollados, y ha sido estudiada por muchos y talentosos especialistas. La falta de planificación urbana tiene muchas consecuencias negativas. La ausencia de un sistema de alcantarillado en las ciudades desorganizadas hace que las aguas negras contaminen los acuíferos.

Sin necesidad de un estudio científico sobre el tema, vemos que las cloacas revientan en Sajonia y el Botánico, y que las aguas servidas corren por calles residenciales. (“Locales gastronómicos reciben quejas a raíz de los malos olores”, dice un artículo de La Nación del 27 de julio de 2017).

La contaminación de aire como consecuencia de los gases de los vehículos, la polución sonora, el mal transporte y el agotamiento de los recursos naturales son situaciones que pueden y deben encararse racionalmente, para lograr un desarrollo sustentable. Sobre el punto, conviene leer el ensayo de Fabricio Vázquez, disponible en internet con el título de Ciudades intermedias y sustentabilidad urbana en Paraguay.

Esto es el progreso, dicen algunos concejales. Quizá sea progreso económico para ellos, que autorizan construcciones donde no hay infraestructura, ignorando la oposición de los vecinos, a quienes les hacen pagar más impuestos para transformarles su barrio en un añareta’i.

No se trata de un barrio, sino de todos, que se destruyen por falta de previsión, desidia y corrupción.

A este paso, ¿qué Asunción tendremos dentro de veinte años?