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viernes 25 de noviembre de 2016, 01:00

Una palabra eterna

Hoy meditamos el evangelio según San Lucas 21, 29-33. San Juan Crisóstomo comenta así este pasaje de los Hechos de los Apóstoles:

Considera qué gran cosa es no descuidar la lectura de la Escritura ni siquiera durante el viaje (...). Piensen esto los que ni siquiera en su casa las leen y, porque están con la mujer, o porque militan en el ejército, o tienen preocupaciones por sus familiares y ocupaciones en otros asuntos, creen que no les conviene hacer ese esfuerzo por leer las divinas Escrituras.

Cuando la vida cristiana comienza a bajar de tono, a languidecer, también es necesario un diapasón que dé una nota más alta. ¡Cuántas veces la meditación de un pasaje del Evangelio, sobre todo de la Pasión de Nuestro Señor, ha sido como una enérgica llamada a huir de esa vida menos heroica a la que nos empujaba un excesivo cuidado de la salud, un tono menos vibrante...!

Con respecto al evangelio de hoy, el papa Francisco dijo: “Con la venida de Dios en la historia estamos ya en los tiempos ‘últimos’, después de los cuales el paso final será la segunda y definitiva venida de Cristo”.

“Naturalmente aquí se habla de la ‘calidad’ del tiempo, no de su ‘cantidad’. Con Jesús ha venido la plenitud del tiempo, plenitud de significado y plenitud de salvación. Y no habrá más una nueva revelación, pero la manifestación plena de lo que Jesús ha ya revelado”.

“En este sentido estamos ya en la ‘última hora’; cada momento de nuestra vida no es provisorio, es definitivo y cada acción nuestra está cargada de eternidad. De hecho la respuesta que damos hoy a Dios que nos ama en Jesucristo, incide en nuestro futuro”.

“La visión bíblica y cristiana del tiempo y de la historia no es cíclica, pero linear: es un camino que va hacia un cumplimiento”.

“Un año que ha pasado por lo tanto no nos lleva a una realidad que termina, pero a una realidad que se cumple, es un paso ulterior hacia la meta que está delante de nosotros: una meta de esperanza y de felicidad, porque encontraremos a Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra alegría”.

(Del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net)